Recorridos por Vizcaya

Butroe

Castillo de los Torrecilla

Contemplar su imagen, descubrir su esbelta figura emergiendo desde lo oscuro del valle, no sitúa al viajero en este lugar sino que lo traslada a típicos y tópicos escenarios de Escocia o Gales, donde el castillo es un elemento indispensable del paisaje.

Sin embargo, en plena extensión campestre de la vieja Gatika, cuando se llega desde Mungia o desde Plentzia, sorprende, casi hay que decir violentamente, entre caseríos, prados y huertas, un bosquete oscuro del que asoma esa mole pétrea de Butroe, el castillo pálido de roca clara que asemeja un residuo de decorado fílmico.

En Gatika todo recuerda la propiedad o fundación de los Butroe: el río es Butroe, la ermita próxima a la entrada del castillo es también de Butroe, el castillo... todo rememora la historia y poderosa vida de ese linaje. La primera casa fuerte de los Butroe fue levantada en el siglo VIII en el peñascal de Gantzurritz, más próximo a Plentzia, trasladándose más tarde al actual emplazamiento, siendo sus dueños caudillos en las luchas banderizas del medievo en Bizkaia. Su posterior propietario, descendiente del linaje de los Butroe, el Marqués de Torrecilla, transformó en el siglo XIX la casa torre en el exótico castillo que ahora podemos contemplar, para hacer honor a su esposa Josefa de Arteaga. La obra dirigida por el marqués de Cubas, fue inspirada en formas góticas, nórdicas y fantásticas y forma una apiñada estructura de torres diferenciadas.

WINDOWS: Pulse botón derecho mas ratón para aumentar la imagen.

MAC: Pulse tecla comando + ratón para aumentar la imagen.

El río alarga su camino en lentos meandros alrededor de este castillo y en sus laderas se levantan palmeras, abetos gigantes secuoyas y otra infinidad de árboles exóticos traídos por el hijo del Marqués. Un bosque del jardín del paraíso lleno de silencio y de encanto, poblado de trinos alegres y que abre todo su espacio a la gran torre de piedra clara. Avecinado por su ermita y ese molino, convertido ahora en restaurante, el entorno del castillo se pierde bajo las nieblas en ese pequeño municipio agrícola de Gatika, entre los viejos caseríos y las huertas tan frescas como las aguas del propio río, ese que mueve todavía el molino de Birlekoerrota.

Molinos y angulas

El Butroe es un río cortito que, nacido junto a Morga en las laderas del monte Bizkargi, se mece suavemente curva a curva hasta llegar a Plentzia. Pero en tan poco trecho trabaja mucho. Las ferrerías fueron primero, los molinos más tarde, su ría navegable después...

En 1960 se podían contar todavía en sus orillas hasta 23 molinos: 5 en Gatika, 5 en Laukiz, 10 en Maruri y 3 en Urduliz. Y de tanta historia molinera algo debía quedar a nuestros ojos. Pues así es y hay molinos que todavía hacen harina para el ganado y muelen maiz para talo en Gatika y Mungia.

Un murmullo sonoro invade el recinto interno del molino cuando el molinero abre el paso del agua hacia la rueda. Adentro el ambiente se vuelve pronto neblinoso, filtrado por el polvo blanco que se eleva a golpes al tiempo que un chorrito de harina va cayendo en la artesa. Un clac, clac, clac producido por la "klaka" marca el ritmo de caída del grano en la piedra. Abajo hay un infierno de aguas salpicadas moviendo con su energía los rodetes que transmiten su giro a la piedra superior. De maíz o avena, que el trigo ya casi ni se usa, la harina alimentará ganado en los establos o quizá en forma de talo llenará estómagos festivos.

El mundo blanco del molinero estuvo lleno de historias, de moliendas nocturnas en tiempos de extraperlo. Parado ahora el de Aitzene, sirva este texto como homenaje a uno de los últimos molineros de oficio en Bizkaia. Leuxarrekoerrota no ha querido que sus ruedas se detengan por completo y su gemelo Birlekoerrota guarda muda su maquinaria acuática.

Aguas abajo del castillo, el Butroe se hace enseguida navegable y se mueve arriba y abajo con las mareas, y allí, en una de las rías más preciadas del Señorío se encuentra otra de las peculiaridades de esta tierra: las angulas.

En tiempo de arribada de esos minúsculos pececillos que son las angulas, aproximadamente entre diciembre y marzo, sus orillas se disputan desde el atardecer por asiduos o visitantes ocasionales que "cogen puesto" para esperar el buen momento. Llegada la hora nocturna, la ría se jalona en este tramo superior de farolillos y cedazos y se puebla de pescadores de botas altas. Unos van a pasar el rato con esperanza de preparar una merienda; y los hay que sacan unas perrillas para la economía familiar en la temporada. Es un espectro de lucecillas y movimiento, de ambiente nocturno en el que no faltan las buenas relaciones, pero tampoco las duras peleas.

La sorpresa no termina en el entorno porque también los salones interiores pueden visitarse, recorrerse sus pasillos y pasadizos y asomarse a sus almenas donde anidan el cernícalo y la lechuza y desde las que la vista sobre Gatika es espléndida. Las sucesivas herencias terminan haciendo del castillo un museo que es cerrado en el año 53 a consecuencia de un fatal accidente. Después de importantes expolios, en el año 1989 el Castillo de Butroe cambia de dueño por primera vez en 6 siglos; la empresa de diseño y arquitectura Estudios Arriaga lo adquirió para la recuperación y construcción de su sede social.

Pero no te conformes con el castillo; porque el río Butroe puede llevarte por sus riberas en un magnífico paseo de la tranquilidad, donde en las noches del invierno se apostan metro a metro los anguleros con su cedazo y su farolillo. Un paseo de naturaleza donde la humedad se adueña del ambiente, camino de los meandros escondidos del Butroe.

Guía práctica:

Cómo llegar: Gatika se alcanza desde la localidad de Mungia. Desde allí se tomará la carretera de Plentzia, y, una vez rebasado el barrio de Maruri, habrá que desviarse a la izquierda rumbo a Urduliz, para encontrar enseguida, tras una curva de la carretera, el castillo envuelto en sus bosques.

El paseo propuesto se prolonga desde el castillo por la margen derecha del río, siguiendo el borde del río a ratos por un sendero al margen y otros por la carretera particular y sin salida que circula paralela.

Distancia y tiempo: En 20 minutos se pueden recorrer los senderos en torno al castillo. El recorrido por el río es de unos 3 kilómetros y se hace en 1,30 horas para ida y regreso.

Arte y monumentos: El entorno de Butroe es eminentemente agrícola por lo que el principal aliciente para la visita es disfrutar de un ambiente rural. En el barrio de Maruri se conserva en funcionamiento el casi último de los perratoki activos de Bizkaia, donde se colocan las herraduras a los más grandes bueyes del Goierri vizcaíno.

En Gatika, funciona todavía el molino de Birlekoerrota, situado aguas arriba junto al cauce del río Butroe. La localidad de Mungia tiene en su casco urbano la iglesia renacentista de San Pedro con una portada de acento mudéjar, y la Torre de Billela, transformada en la actualidad en casa de cultura.