Recorridos por Vizcaya

 Cordales de Santipiña

En los confines de la Bizkaia ganadera

El valle de Karrantza es la región ganadera por excelencia en Bizkaia y su paisaje está hecho de prados envueltos por las montañas.

En el extremo más occidental de la cubeta que forma este municipio un cordal singular configura la muga entre el territorio vasco y el país castellano. Allí el paisaje se eleva de forma importante pero lo hace vestido de magníficos verdes en curiosas laderas que se elevan hasta las cimas tapizadas de hierba.

El viaje que atraviesa el valle de Karrantza para encaramarse enseguida entre magníficos praderíos repletos de ganado es una introducción a un mundo campestre en el que el pastoreo prehistórico pervivió por más largo tiempo en nuestras tierras.

Aldeacueva es como un refugio en las más altas laderas de Karrantza. Abrigado junto a la peña que abriga la enorme cueva que le ha dado el nombre, este barrio de pocas casas y atenazadores fríos invernales es camino para los cordales de Cotobasero y Santipiñia. La ruta desde allí se hace pista forestal cementada y camina entre lindos cipreses que han crecido robando el espacio a los antiguos pastos. No hay visión hasta que se alcanza el collado de Campo Calero, también llamado de las Arreturas. Allí el bosque se acaba y comienza el verdadero paisaje de rasos que cae hacia el río Kalera. El horizonte se pierde en las imponentes cumbres cántabras de los valles de Soba y Asón y se abre a derecha e izquierda a los cordales de Cotobasero y Santipiñia.

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Hacia el sur la pista se hace de tierra y baja en empinadas pendientes hasta la Calera del Prado, una pequeña agrupación de casas con gran sabor rural. Bien vale una excursión hasta ese, que es el más recóndito lugar de Bizkaia y está avecinado de Prado, un barrio de dos casas y una iglesia en Castilla.Pero, desde el collado de las Arreturas, el camino del andarín puede llevar en poco tiempo hasta los lomos pelados del Cotobasero, sobre los que se asientan los túmulos prehistóricos; o enfilar sentido opuesto para encumbrar en menos de una hora el Santipiñia, el Peñalta y hasta el Zalama, un vértice geodésico de magnífica visión.

Pero no hace falta ir tan lejos; el modesto Santipiñia cae en impresionantes barrancos sobre la aldea de Lanzas Agudas, no en vano se ocultó en ellos el último oso que se cazó en el valle de Karrantza en 1816. Y en sus laderas planean con elegante vuelo los buitres que vienen a alimentarse en el comedero allí instalado por la Diputación Foral de Bizkaia. La pista serpentea en un recorrido ideal para la bicicleta y los atajos permiten acortar las grandes curvas hasta la cima. Sólo hace falta un cuarto de hora más para llegar al Peñalta pero la panorámica es tan espléndida que el esfuerzo estará recompensado. El valle de Karrantza se abre a los pies al completo, de norte a sur y de este a oeste; la vecina sierra de Ordunte enlaza aquí mismo, en Monte Grande, su larga trayectoria hacia el este, para asomarse al valle del Kadagua.

Y la vista se extiende hacia las tierras que el cordal divide, las de Castilla y Cantabria, arrugadas en relieves impetuosos. Desde el cordal de Santipiñia la noción del territorio se ratifica contemplando las divisorias, los barrancos y las laderas de campos y montañas.

Guía práctica:

Cómo llegar: El cordal de Santipiñia se encuentra entre los valles de Karrantza y el del río Kalera, en el extremo occidental de Bizkaia. El acceso se realiza por Karrantza a donde se llega desde Bilbao por la BI-636 y la BI-630 a través de la ruta que lleva por Guenes y Trutzioz. Desde Karrantza se toma la ruta que conduce por el núcleo, Concha, hacia Aldeacueva, y, una vez alcanzado este barrio, se enfila la pista cementada que conduce hacia La Calera del Prado. El itinerario descrito arranca en el collado, antes de descender hacia el otro lado del valle.

Distancia y tiempo: Del collado de Arreturas a Cotobasero se emplean 30 minutos.

Del collado de Arreturas a Santipiñia: 45 minutos, A Peñalta 1,10 horas. Regreso 45 minutos.

Arte y monumentos: En Aldeacueva hay que ver la cueva de Kubia I, poblada en el Eneolítico, y que ha dado nombre al lugar. La Iglesia de San Bartolomé fue reconstruida entre 1779 y 1794 a expensas del capitán indiano D. Pedro Negrete, caballero de la orden de Santiago y pretendió ser una copia de la iglesia de San Miguel en México; ha sido recientemente restaurada. Entre las casonas típicas de la zona, se encuentra en Aldeacueva la casa del Pital, ejemplar del siglo XVIII.

Si se camina por el cordal de Cotobasero se pueden localizar varios túmulos que corresponden a monumentos funerarios.