Recorridos por Vizcaya

Villano

El cabo que desafía al mar

Cercano al pueblo de Gorliz, entre calas y prados se esconde cabo Villano que desafía al mar con su prominente salida.

El recorrido discurre por una costa recortada de acantilados, puertos naturales, ensenadas y cabos, dentro de un paisaje que nos sorprenderá por la variedad de aspectos que encierra.

Además, podremos contemplar la perdida isla de Villano, el estratégico fortín de Azkorriaga, los camuflados búnkers, el monte costero de Ermua, el vertiginoso cabo Grande,...

Completamos este itinerario con una excursión que une Plentzia con Armintza, para los amantes de las travesías, descrita en el siguiente recorrido.

Acceso

A Gorliz se accede en coche por las carreteras que llegan de Sopela, Urduliz Armintza y Mungia.

El tren desde Bilbo llega hasta las afueras de Plentzia. Pasando el nuevo puente peatonal y cruzando el pueblo llegaréis fácilmente al punto de partida de la excursión. Existen también numerosos autobuses, sobre todo en verano, que llegan hasta la playa de Gorliz, enlazando con el tren.

Recorrido

Nuestro paseo comienza en los aparcamientos colindantes al sanatorio de Gorliz, construcción grandiosa pero a la vez sencilla y armoniosa. Antaño fue un sanatorio marino para enfermos de tuberculosis.

Construido en las últimas décadas del siglo XIX, tuvo mucha importancia debido a las nuevas terapias que se utilizaron y por la disposición del edificio que hace que durante todo el día recibía la luz del sol. En la decoración se utilizó el azulejo, blanco con rombo azul, creando líneas y sencillas formas geométricas que dan armonía al edificio construido por el arquitecto Mario Camiña.

Cercano al Sanatorio, por la carretera que va al puerto viejo de Astondo (ubicado en el extremo derecho de la bahía), encontraremos unas escaleras a la derecha, que ascienden por un sendero reconstruido por el ayuntamiento. Estas nos llevarán a unos miradores desde donde se contemplan unas panorámicas de la bahía y el pueblo de Plentzia, así como de la cala de Barrika.

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Mientras subimos, si nos fijamos un poco, podemos observar a nuestra derecha una de las pocas zonas de dunas existentes en Bizkaia, resultado del arrastre de arena por los vientos hacia el interior.

Toda esta zona que ahora está protegida ­hasta hace poco los niños jugaban en sus naturales toboganes de arena­, ha sido repoblada con pino marítimo para impedir que las dunas sigan desplazándose.

Siguiendo el camino, en tramos escalonado, pasamos por tres o cuatro miradores, antes de divisar desde lo más alto, el fortín de Azkorriaga, que se yergue en la punta de Ustrikoetxe. Su fin fue defender el Señorío de Bizkaia del peligro de las incursiones enemigas por mar.

Bajamos por el sendero hasta el fortín, también llamado el "Castillo", hoy totalmente en ruinas, tratándose de un pequeño recinto rectangular con muro de mampostería. A pocos metros existe otra construcción de reducidas dimensiones que era utilizada como polvorín.

El entorno del fortín con refugios naturales, calas de difícil acceso, rocas erosionadas por el tiempo y grandes ensenadas, presenta un paisaje de abrupta belleza.

Seguimos por la cornisa hasta alcanzar un camino de carros, que nos trasladará a las primeras baterías militares de esta parte de la costa. Posteriormente alcanzaremos por la derecha la carretera (prohibida para vehículos) que nos llevará hasta el cabo Villano, reconocible desde lejos por su faro.

Actualmente este entorno está bastante degradado por la construcción del moderno faro, por la carretera recientemente asfaltada y por las pistas forestales.

Descendiendo por el faro llegamos hasta una batería de búnkers, entrelazados con pasadizos bastante sucios y oscuros, que pueden ser la delicia de los chavales que no tengan miedo de la oscuridad. Desde el último búnker, donde todavía se pueden ver los restos de un pesado cañón, un sendero baja bruscamente hasta las rocas del cabo Villano, excelente lugar para la práctica de la pesca y el submarinismo.

El recorrido continúa ascendiendo por encima del faro, por un sendero, para alcanzar un alto que recorre el acantilado, alternando el zarzal y los helechales con amplios prados.

Proseguimos nuestra andadura costera. Después de pasar por varias cercas entre praderas con vistas al mar, ascenderemos por el sendero más cercano a la costa, a la sombra de un encinar salvaje, hasta el monte Ermua de 289 m. En la cima, las ruinas de una pequeña edificación y una solitaria terraza de fina y placentera hierba sobre el inmenso océano, nos esperan para reposar de la caminata.

Desde este incomparable mirador podremos contemplar, isla Villano, que con un poco de imaginación se asemeja a un dragón emergiendo de las aguas.

La pequeña y rocosa isla tiene poca variedad de vegetación y fauna, pero en primavera y verano podréis contemplar algunas aves marinas como el cormorán grande, el cormorán moñudo, el pitorro o la gaviota argéntea.

Si seguimos hacia delante por el sendero que parte del Ermua hacia el este, en aproximadamente una hora, llegaremos a Armintza (ver en el recorrido siguiente la travesía Plentzia-Armintza).

Nosotros tendremos que retroceder y bajar hasta el barrio de Fano para tomar el camino que desde el mismo alcanza la pista del faro, por la cual nos dirigimos por la izquierda hasta el punto de partida, Gorliz.

Datos útiles

Tiempo: 3 h, despacio. Deberéis tener en cuenta para la vuelta los horarios de autobuses.

Distancia: 8 km.

Dificultad: Excursión media

Ermitas marineras. San Juan de Gaztelugatxe

No nos podíamos olvidar de las numerosas ermitas marineras que jalonan nuestras costas.

Comenzando en Iparralde, destacando la ermita que se haya en el término municipal de Bidarte (Bidart), la capilla de Sainte Madeleine que se asoma al acantilado de la playa de Erretegia y donde al parecer en la época de la pesca de la ballena, se solía enterrar a los marineros no identificados que el mar devolvía a tierra; en las inmediaciones del alto del Jaizkibel, nos encontramos con el Santuario de la Virgen de Guadalupe, donde dicen que la negrura de su figura, proviene del mascaron de proa de un navío naufragado; la ermita gótico primitiva de Elkano se yergue como atalaya de la costa; con sabor a mar, la ermita de San Telmo la encontramos pendida en el espectacular marco de los flich de Zumaia; Itziar parece ser la virgen de los marinos, como lo atestiguan los exvotos que penden de su techo; en Pobeña podemos visitar junto a la desembocadura del Barbadun, la Virgen del Socorro; pero entre innumerables ermitas destaca una por encima de todo, San Juan de Gaztelugatxe.

Su peculiar ubicación le hacen ser el ejemplo postal de las oficinas de turismo, representando la imagen de la costa vasca.

Antiguamente fue una isla cercana a la costa, y parece ser que donde hoy se sitúa la ermita fue una fortaleza -su propia denominación eusquérica se aproxima a esta hipótesis y Julio Caro Baroja dice que Gaztelugatxe pudiera interpretarse como " castillo áspero"- que fue cedida a los abades de San Juan de la Peña, parece ser compartiendo territorio iglesia y castillo; estamos hablando de principios del siglo XI. Aunque otros historiadores dicen que la iglesia fue anterior a la fortaleza y que esta fue construida por los jauntxos de la zona, en advocación a San Juan Bautista en el siglo X. También se sabe que está fue testigo de las luchas entre Alfonso XI y Nuñez de Lara, señor de Bizkaia.

Finalmente la fortaleza fue reconvertida en ermita en advocación a San Juan y para facilitar el acceso se unió la isla por un puente convirtíendola en península.

Al parecer que el lugar sufrió asedios y hasta los ingleses asaltaron el peñón en el siglo XVIII, destruyendo las edificaciones. Más recientemente fue incendiado (10 de octubre de 1978). La ermita se restauró, con la colaboración del pueblo de Bermeo, que se volcó en su reconstrucción.

En paraje de ensueño se alza esta impresionante obra de la naturaleza, franqueada por un simulacro de "muralla china" en pequeño, que asciende por un bonito pasillo de 231 escalones hasta la esplanada de la ermita que se levanta a una altura de 150 metros.

Según la tradición popular los huecos de las huellas de las escaleras de arenisca, eran del pie de San Juan, y por ello se introducía la "pata" para curar los callos. También se solía dejar algún objeto como txapelas, pañuelos..para curar los dolores de cabeza.

El 24 de junio, día de San Juan acuden los bermeanos en romería y los de Bakio el día 29 de Agosto, San Juan Degollado.

Pero no sabemos si por su estratégica situación, San Juan de Gaztelugatxe, es venerada por todos los arrantzales de la zona. No es una casualidad que en su interior tres exvotos de navío cuelgan del techo, la proa de una embarcación adorne el altar y diversos cuadros sobre embarcaciones y naufragios decoren la ermita.

La Asociación Submarinística de Bizkaia, ha sumergido junto al peñón una virgen de Begoña.