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LA PUERTA |
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| ¿No habéis
sentido nunca una desazón general, deseos de huir de algo que no
sabéis qué es y que algo os falta sin saber donde encontrarlo?
Es una situación en la que te sientes completamente perdido, completamente sólo y en la que nadie te puede ayudar. Cuestionas tus más sagrados principios, te lo cuestionas absolutamente todo sin sentirte seguro de nada. ¿Cómo te vas a sentir seguro de algo si te fallan los cimientos, tus creencias más profundas? Te encuentras ante un callejón sin salida sin saber por qué. Crees que has hecho todo aquello que debías hacer, que has sido buena persona, que te has esforzado por no hacer daño a nadie, que has sido generoso y solidario y aún así de repente te encuentras que, personas que tienes enfrente, o al lado, por quienes lo darías todo, en quienes confiarías ciegamente, son justamente lo contrario de lo que te han hecho creer durante mucho tiempo. No soporto la mentira, la falsedad, el egoismo, el desagradecimiento... Especialmente no los soporto cuando son gratuitos, innecesarios, cuando se dan enmascarados. Es algo que me parece tremendamente cruel e insultante. No concibo que nadie en su sano juicio tenga esos comportamientos. ¿De qué puede servir convertir la vida en una mentira? No lo entiendo. Elegimos con qué personas estamos, con quiénes tenemos mas relación y con quien menos y con quienes ninguna según nuestras afinidades Entonces, ¿que necesidad hay de falsear esas relaciones, de construirlas en base a mentiras con el esfuerzo que conlleva diariamente que no nos pillen en ellas? ¿Será que no nos gusta cómo somos y en lugar de cambiar elegimos el camino más largo y fangoso de disimularnos? Y sin embargo llegado un punto te cuestionas si el equivocado no eres tu, si en realidad es así como hay que ser para sentirse bien: falsos, egoistas, inmunes al dolor ajeno, pensando siempre y ante todo en uno mismo Ese era mi estado mental no hace mucho. Me faltaba algo para poder situarme de nuevo, para poder tocar tierra pero no sabía dónde buscarlo, dónde lo podría encontrar y mientras tanto lo estaba pasando bastante mal. Pero tampoco me podía quedar parado, sufriendo, incapaz de centrarme en nada, insomne Así pues me eché a la carretera tras juntar cuatro cosas en una bolsa de viaje. Me recorrí media España con objetivo final Galicia. Allí varios conocidos y alguna familia me servirían de distracción. La idea era no estar mucho tiempo en ningún lugar Conducir y conducir manteniendo la mente distraída en cada momento, sin darle tiempo de recrearse en el dolor. "Los Secretos" fueron mi compañía durante todo el viaje, en las numerosas horas que tanto de día como de noche pasé al volante. Aunque estuve en muchos lugares comencé por visitar mi casa familiar, en la que mi madre pasa los veranos cuidando de sus jardines y huertas. No la pude avisar de mi llegada hasta que ya casi estaba allí. Reencontrándome tras varios años con aquellos parajes me sentí terriblemente pequeño e insignificante ante tanta belleza. ¿Cómo no voy a tener sensibilidad habiendo nacido en un lugar así? La casa de mi madre acaba de ser reformada. Es vieja e incómoda, y ahora se me hace tremendamente pequeña. Descubro que la cocina de chapa que aún funciona es de Orbegozo. Todo se me hace minúsculo. Recuerdo las veladas con mis abuelos al calor del hogar. Una pareja de ancianos maravillosos que durante toda su vida estuvieron enamorados, que tuvieron una vida difícil, y que cuando uno murió el otro no pudo seguir viviendo. A pesar de todo fueron felices y a mi lograron trasmitirme parte de su felicidad cuando era niño. Mi abuelo se llamaba José Manuel. Pero yo eso lo descubrí muchos años después, pues en toda la comarca se le conocía como Amable, por su carácter bondadoso, por su generosidad y buen talante. Mi madre me enseña sus jardines. Vamos también a visitar las huertas coloreadas por las diversas hortalizas y árboles frutales. La vista es preciosa y la sensación de quietud en la tarde soleada me hace sentirme en un mundo muy distinto al mío. Aquí el tiempo transcurre de otra manera y la sensación de placided es general. Doy una vuelta por el pueblo, reencontrando recuerdos olvidados por los rincones. Veo la fuente comunal, permanentemente echando agua fresca, donde cuando era niño había que venir a recogerla en cubos para llevarla a las casas. Es una fuente de granito labrado en bloques con un caño metálico del que sale el agua. Fue construida por mi padre y mi otro abuelo, al igual que otras muchas cosas de la comarca. Mi padre dejó también muchas cosas bellas tras de sí cuando se marcho de aquí. Tengo el recuerdo de una mañana cálida, yo con mi madre en medio de la carretera polvorienta y sobre la caja de un viejo camión mi padre se despide con la mano de nosotros. Recuerdo la estela de polvo que el camión va dejando tras de sí y el penetrante olor a gasolina que yo, hasta ese momento, no conocía. Creo que es el recuerdo más antiguo que queda en mi memoria, y pasó mucho tiempo hasta que entendí que ese primer recuerdo es de una despedida; la primera de una larga serie de ellos Me encuentro con diversos vecinos, la mayoría muy ancianos que me recuerdan con cariño, aunque no me reconocen al principio. Me hablan de mis épocas de veraneo cuando sin que nadie me lo pidiese me dedicaba a reparar cosas por el pueblo, repararlas como un niño de 5 ó 6 años puede hacerlo. En la entrada de la casa familiar, en un cobertizo ahora lleno de leña se me viene a la cabeza el recuerdo del telar romano que allí había, y que yo tuve la suerte de poder ver funcionar aún cuando no sabía lo que era. Construido completamente de madera, allí se fabricaban telas de forma rudimentaria. Es una pena, pero en algún momento fue desmontado y ya no existe. En la bodega, debajo de la casa aún sigue mi cuna. Fue labrada en madera de castaño por mi abuelo, y en ella concilie mis primeros sueños felices, cuando aún era completamente ajeno a lo que el futuro me depararía. La acaricio con cariño, pues también con mucho cariño fue construida, y eso se percibe con el tacto a pesar de los años y del polvo que acumula. No me puedo quedar mucho más. Por la ventana de mi habitación veo el río y ahí también se me aparecen las lavanderas, cuando las coladas se hacían frotando las prendas sobre piedras a la orilla. En un lateral de la casa, por una puerta se sale a las colmenas. Es el único lugar en el que tengo cobertura con el móvil, que hace un rato ha sonado devolviéndome a mi mundo. La vista mientras hablo sigue siendo hermosa, las huertas descendiendo con su colorido hasta el río En el móvil escucho palabras, parabienes, de las que ya desconfío no tardaré mucho en darme cuenta de que son nuevas palabras falsas, palabras que sólo buscan confirmación de que estoy lejos Por la mañana he quedado en Vigo y me esperan horas de trayecto aún. He quedado con mi amiga Marguin y su hermana para comer. Aún no sé que haré, cómo continuaré mi viaje, así que me despido de mi madre por si acaso El viaje es penoso, mi mente me vuelve a hacer de sus jugadas, me debato entre el sentimiento de culpabilidad por haber hecho o no lo correcto, por ser el culpable de la situación y otra sensación de haber sido víctima de mi propia inocencia y generosidad y si es así, quizás debería cambiar, ser de otra manera Me encuentro con Marguin en la playa de Samil. Está preciosa como siempre. Amiga del barrio, está veraneando en Orense en casa de un familiar. Mi sorpresa es cuando me la encuentro con casi toda la familia en la playa. Ya es mediodía y nos vamos todos a comer allí en la misma playa, en uno de los dos restaurantes que hay. Las sobrinas son traviesas y nos amenizan la comida. La dueña del local nos hace gracia, viste un vestido a modo de túnica y lleva un sombrero de gasa es una imagen extrafalaria que en un momento se nos acerca cuando se entera de que somos de Bilbao y nos pregunta por las famosas vacas. Quiere comprar una para su establecimento y cuando se va nos reimos. Transcurre la tarde tranquila, entre paseos, primero por la playa y luego por el náutico. Hacía mucho que tampoco estaba en Vigo. Veo la bahía y al otro lado Moaña, donde pasaré la noche. Está ahí al otro lado, pero tardaré al menos una hora en coche en llegar allí. Cuando llego mi tio me espera en la carretera. A sus 70 años se mantiene joven y fuerte. Hace unos años cuando se jubiló compró esta casa casi a pie de playa y numerosas veces me la había ofrecido. Tenía ganas de visitarlos pues también hacía mucho que no les veía. Aunque es muy tarde cogemos el coche y nos desplazamos a otra media hora de camino a visitar a mi hermano que ha cogido un apartamento en un pueblo cercano durante el mes de agosto. Las vistas nocturnas sobre el pequeño puerto de pescadores es preciosa. Son momentos en los que lamentas ser tan urbano, lamentas tener necesidad de sentirte rodeado de hormigón para sentirte bien Paso la noche y la mañana siguiente paseando por Moaña. Están cambiándole la imagen, construyendo un paseo y ensanchando el que ya existía. Me gusta la cercanía del mar, las barcas sobre las aguas tranquilas. Siempre me ha atraido la fragilidad de las barcas sobre el agua. Capaces de soportar mucho peso, de sobrevivir a las inclemencias del tiempo, pero tan difíciles de gobernar tan a maerced del viento, de las mareas, y del estado de la mar Simbolizan mi propia vida He quedado en Carvalliño para comer con Marguin. Nos encontraremos a la entrada del pueblo. No estaría bien estar en Galicia y no comer una mariscada. Nos han recomendado el local. Es amplio, espacioso... Y a la entrada, en las vitrinas, hemos visto todo tipo de marisco fresco. La comida promete. Y al final es un banquete. Los percebes, santiaguiños, quisquillones, nécoras y almejas nos dejan satisfechos pero aún así tambien pedimos una Dorada al horno. El Alvariño no nos llega y debemos pedir más. Nos lo pasamos bien y decidimos pasar la tarde en Orense capital. Es una ciudad pequeña, con un Casco Viejo lleno de locales de ambiente nocturno. También hay terrazas en las que airearse con una cerveza en un día tan caluroso. No podíamos estar aquí sin visitar las termas romanas y allí nos dirigimos. Por dos caños sale agua mineral a alta temperatura. Nos hacemos fotos para recordarlo. El día ha sido duro. Estoy cansado. Son muchas horas de viaje y el calor y mis propios fantasmas no me dejan dormir por las noches. Decido de regreso, hacer noche en la casa de mi madre, así pues tras despedirme de Margin la llamo y tras unas horas de viaje estoy otra vez de vuelta entre sus jardines. Charlamos mientras cenamos. Me acuesto pronto, pues estoy agotado. Por la mañana iniciaré mi regreso a Bilbao sin haber resuelto nada. A las 12 de la noche no he logrado dormir, algo me lo impide. Doy vueltas y vueltas, me he fumado ya varios cigarros y al final comprendo que no voy a poder dormir. Me levanto y se lo digo a mi madre. Es absurdo pasar la noche en vela y por la mañana salir de viaje estando cansado y con sueño. Así que saldré de viaje en ese momento. Mi madre me despide con tristeza y preocupada. Hemos preparado las cosas que debo llevar para Bilbao. Cosas de la huerta. El viaje se me hace agotador, pero no puedo parar. Debo seguir adelante, si me parase quizás no lo podría continuar. Logro no dormirme y conduzco con calma, ahora no hay mucha circulación. En un tramo de doble sentido me encuentro con un coche que avanza de frente por mi carril. Apenas tengo tiempo de dar un volantazo y hacer sonar la bocina. El conductor se despierta y logra controlar el coche. Es lo malo de viajar de noche. No importa lo bien que conduzcas y lo bien que estés para conducir. Siempre puede haber otro de frente que no esté tan bien como tu y entonces todo se acaba. He dejado atrás también un coche accidentado, destrozado al salirse de la carretera. Otros conductores han parado, hay mucha gente atendiéndoles Por un momento me da miedo seguir conduciendo. Parece premonitorio pero no importa, la noche es despejada y las estrellas me acompañan. Llegaré hasta el final del camino, sea cual sea Estoy llegando a Bilbao y tengo hambre, me apetece desayunar. En agosto mis locales habituales no abren tan pronto, aún son las seis de la mañana. No obstante, durante las últimas semanas, en mis noches de insomnio y dolor he descubierto un local cómodo en el centro de Bilbao que abre muy temprano. Algunos fines de semana me he encontrado allí desayunando y leyendo el periódico con la gente que sale de las discotecas tecno de moda. Conozco la zona y me siento a gusto en ella. Pero me equivoco en la salida de la autopista, me paso la que debería haber cogido y debo tomar la siguiente dando un pequeño rodeo. Al llegar, aparco el coche en una esquina y compro el periódico en un revistero que también abre temprano. Hay dos chicas contando los periódicos y bromeo con ellas. El local para desayunar está cerrado, mi gozo en un pozo, adiós desayuno Son las seis de la mañana y mi única opción es irme para casa y desayunar allí. Estoy agotado pero no tengo sueño. Al menos podré leer el periódico. Al dirigirme hacia mi barrio paso por una calle que me trae recuerdos, miro hacia un lado recordando momentos mejores y veo una sombra, un gesto muy familiar, pero que no me acabo de creer. Deben ser imaginaciones mías No obstante me surge interiormente una necesidad de certeza, de asegurarme, de que no es fruto del cansancio y del sueño necesito saber. A la vuelta de la esquina, dejo el coche en una esquina con las luces de emergencia. Me siento ridículo haciendo lo que hago, pero no lo puedo evitar Doy un pequeño rodeo para no molestar a nadie con mi curiosidad. Cuando llego al lugar, la visión ha desaparecido me he quedado con las ganas De regreso al coche, miro hacia arriba, una luz antes apagada, ahora está encendida es un indicio pero no resuelve mi duda Doy una vuelta más con el coche, me duele quedarme así, entre la confianza y la desconfianza, entre la certeza y la imaginación calenturienta Nada; así que enfilo hacia mi barrio y mi casa Cuando estoy llegando al portal suena mi móvil, es Alba y sin esperarlo obtengo las certezas que necesitaba De repente se me hace la luz, es como si todo estuviera cubierto por un velo y éste acabara de ser levantado. Las palabras me salen a borbotones, llenas de sentimiento, digo lo que tengo que decir y cuelgo. No acabo de entrar en casa y vuelve a sonar Palabras vacías, justificaciones, mentiras exigencias imperativas de hablar . ¿Hablar para decir qué, sobre qué? ¿Cómo puedo hablar con alguien de quien nunca sabré cuando dice la verdad y cuando miente? Es la diferencia entre confiar, y cuando la confianza se ha roto. No sirven parches, la confianza cuando se pierde es para siempre, no sirven remiendos No necesito mentiras en mi vida Me siento hundido, pero a la vez liberado. Es como si por fin me hubiera decidido a cruzar una puerta que no sé a dónde conduce, cerrándola tras de mi No sé lo que me espera ahora, pero sí sé lo que dejo atrás Un mundo de mentiras, egoismos, de falsedades Un mundo en el que viví durante mucho tiempo, entregándome en cuerpo y alma, confiando en la lealtad, en la franqueza, en la honestidad algo que no existía salvo en mi imaginación. Confío en la gente a la que quiero, y pienso seguir haciéndolo por muchos reveses que me lleve, no sabría comportarme de otra manera. Reivindico el ser buena persona, el poner por delante siempre la franqueza aunque haga daño, reivindico el ser honestos aunque no sea provechoso, reivindico el no ser egoistas, el pensar un poco en los demás, en no hacer daño pudiendo evitarlo, y por último reivindico la lealtad y la amistad en su estado más puro. Reivindico el ser auténticos por encima de las falsedades que sólo causan daño Y aunque suframos por ello creo que merece la pena. Es lo único que nos hace ir dejando atrás nuestro originario estado animal, en el que el egoismo era una necesidad instintiva de supervivencia. Me siento muy orgullo de ser capaz de sentir, de ser capaz de sufrir por alguien a quien quiero eso me enaltece, me hace mejor Entre esos dos mundos, donde las fronteras no están del todo definidas, me quedo en el mío, porque es más humano y más digno. Reivindico también el no ser tontos, el no dejarse engañar por la apariencia, por las palabras bonitas, por los gestos que no van acompañados de hechos. Hay gente honesta en el mundo, y es difícil descubrirla entre tanto disfraz, pero si encontráis gente así, conservadla. Siempre os aportarán mucho más de lo que os pidan, enrriquecerán vuestra vida y gracias a ellos seréis felices. Siempre, pase lo que pase, podréis contar con ellos. Recuerdo con una sonrisa los sarcasmos que nos depara la vida. Cuando reflexiono sobre mi viaje, me viene a la memoria el argumento de la tan elogiada, y para mi decepcionante novela, "El Alquimista". Un personaje en busca de un tesoro, que al final encontrará en su punto de partida. Yo no buscaba un tesoro, buscaba algo mucho más simple, sólo la certeza de que existía un personaje de ficción, tramposo, al que siempre le gusta jugar con ventaja; un personaje que había actuado con habilidad para hacerme creer algo que no era, pues sólo era decorado Yo también tuve que realizar un viaje de mas de 2000 kilómetros en tres días con numerosas casualidades de por medio, para al final encontrar esa certeza estando en el lugar indicado en el momento preciso y por mera casualidad. En situaciones así me dan ganas de creer que dios realmente existe Al cruzar la puerta también he dejado atrás momentos buenos, momentos felices, momentos de compartir muchas cosas, pero de todo ello lo único que me quedará siempre será una imagen difusa y dolorosa, una madrugada de agosto, en una calle del centro de Bilbao. |
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