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VIAJE A LA NADA (y 2)
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Tenía que ser aquella, la salida 100 de la autovía Madrid-Valencia. Había que salir de la carretra y entrar en el pueblo. Tras recorrer casi a oscuras dos kilómetros, al fin allí estaba, luces tenues en la oscuridad La camarera de la barra es rubia y pechugona. De amistad fácil, acostumbrada al trato con los clientes. No tarda en decirme lo que quiero saber. Sí, se acuerda de Sam, de su paso por el local de su conversación con él. Me dice que tras comerse un bocadillo (de jabugo, por supuesto), tomar dos cafés y hacer una llamada, la conversación había derivado hacia los pueblos de la costa, aquellos en los que hace buen tiempo durante todo el año. Que había mostrado especial interés por Torrevieja, por el ambiente que podía haber en invierno. Al fin me doy cuenta que Sam nunca pensó en ir a Alicante. Lo encontraría en Torrevieja. El camino es largo y la noche se ha ido haciendo cada vez más oscura. A los lados de la autopista, sólo algunas luces perdidas a lo lejos, indican la presencia de los pueblos que van quedando a los lados. Dormidos, ausentes bajo la luz de las estrellas. Poco a poco la intriga sobre el destino de Sam va tomando cuerpo en mi cabeza, la tristeza del recuerdo de Alba va perdiendo fuerza, su cara se va desdibujando poco a poco de mi corazón. Una batalla perdida de antemano que va abriendo paso al próximo amor. He dado y he recibido, lo demás no debe contar. Torrevieja me rechaza. Es como si quisiera que no llegara hasta ella; docenas de rotontas hacen dificultosa mi llegada, pero al fin estoy en el pueblo. No me cuesta mucho encontrar gente que me indique un hotel. Es jueves y quizás las 4 de la mañana, pero se ve ambiente por las calles más céntricas. Caigo derrotado sobre mi cama. El hotel está bien situado, cerca de todo, en pleno centro y a un paso de la playa. No sé por donde empezar mi búsqueda, pero mañana será otro día.
Comienzo recorriendo el pueblo que, a media mañana, cerca del mediodía empieza a despertarse. Por lo que puedo comprobar la vida transcurre fundamentalmente en torno al paseo del playa. Numerosos locales se reparten el negocio hostelero. Unos trabajando la noche, probablemente los tragos largos, la música, la marcha... Otros las comidas, las cenas, desde las variantes rápidas de bocadillos y hamburguesas hasta las más elabordas. Un poco hacia el interior del pueblo continúan las zonas de ambiente. Entro en varios bares, y hablo con toda la gente que puedo. Luego en un par de inmobiliarias, también en tiendas de Souvenirs. Procuro iniciar las conversaciones hablando de temas generales, luego las voy reconduciendo hacia las costumbres de la pequeña ciudad, sus características, sus peculiaridades, sus peligros. Necesito documentarme, entrar en situación en el menor tiempo posible y lo consigo a lo largo del día. Torrevieja es un pueblo grande en invierno, una ciudad pequeña en verano, cuando alcanza casi los 200.000 residentes. Con un clima estable casi todo el año, es el refugio idílico para pasar unas cortas vacaciones, lo que es facilitado por la existencia de numerosos hoteles, y, sobretodo por los accesibles precios de los numerosos apartamentos en construcción, accesibles desde 4 millones de pesetas. Se pueden conseguir chalets adosados desde 8 millones. Una amplia variedad de servicios facilitan que mucha gente pase largas temporadas, incluso en invierno. Como en toda ciudad en crecimiento los negocios fáciles y rápidos, especialmente en el sector de la construcción, han atraido a las mafias. Aquí tiene presencia especialmente la mafia rusa, que pasa desapercibida excepto cuando de tarde en tarde hay algún ajuste de cuentas. ¿Que haría aquí Sam? ¿Explorar nuevas perspectivas de negocio, se habrá encontrado con algo que no quería? No lo sé, pero comienzo a inquietarme. Ya sé cómo moverme y por dónde debo hacerlo, y el ambiente nocturmo me dirá todo lo que quiero saber. Empiezo por los locales de ambiente y sigo utilizando la misma técnica que durante el día. Pego hebra con todo el mundo, pero nadie recuerda haber visto a alguien con la descripción de Sam. Por fin, ya casi derrotado lo intento una vez más. Ahora en la Taberna Cubana, en el paseo. Hablo en la barra con Valentine. Su castellano es casi perfecto si no fuera por un ligero acento que indica su origen francés. Tendrá 25 años, pelo castaño y ojos dulces del mismo color. Su sonrisa y gesticulación cuando habla la hacen muy simpática y atractiva. Es muy extrovertida y ya parece que nos conocemos de toda la vida. Me cuenta su historia y ya, sin prisas, me recreo en ella. Vino hace dos años en verano, a pasar las vacaciones al Mediterráneo y aterrizó en Torrevieja. Para poder hacerlo consiguió trabajo en este local, como estudiante no se lo hubiera podido permitir de otro modo. Se enamoró de Torrevieja, de su clima, del sol durante todo el año y no lo dudó. A comienzos de año volvió para quedarse. Ya por costumbre le pregunto por un amigo mío de Bilbao que quiero localizar. Se lo describo y me dice que si que lo recuerda, que estuvo en el local, que también hablo mucho con ella. Iba con una pareja de rusos y le preguntó por una discoteca. Sin duda era Sam. Le habló de Pachá y parce que irían a ella. Aprovechando la coyuntura y poniendo la mejor de mis sonrisas la invito a ir al día siguiente, cuando salga de trabajar. Me mira unos instantes indecisa, sin decir nada, ya al final, acepta. Debo recogerla al día siguiente a las 12.00 de la noche.
La noche es cálida. El lugar al que vamos merece reconsiderar mi forma de vestir. Unos Lewis ajustados y una camisa Lacoste encima serán la indumentaria adecuada para no llamar la atención. Estoy quizás demasiado moreno, pero aquí pasaré desapercibido. Espero a Valentine fuera del local, en el paseo, mirando al mar. Sobre las rocas han colocado bancos, de modo que la gente se pueda sentar en las noches cálidas y estrelladas como ésta. Enfrente de mi, en uno de los bancos hay una escultura que representa a una mujer a tamaño natural, sentada en uno de los bancos y mirando al mar. Su aire melancólico invita a sentarse a su lado lástima que sea de bronce Hay momentos en que Alba se sigue apareciendo a destiempo en mi mente, y paralelamente algo me duele muy dentro Es una de esas historias que podrían ser maravillosas si fuéramos más inteligentes, si pudiéramos de verdad controlar nuestras vidas, cosa que no sabemos hacer. Nos preparan en los colegios y universidades durante años para ser productivos, pero en ningún lugar nos enseñan como vivir, como relacionarnos con los demás Siempre debemos aprender tropezando y sufriendo, dejando atrás cosas que no fueron y ya jamás serán pero que si habrían podido ser. Y al fin y al cabo cómo vivir y relacionarnos es lo más importante en nuestras vidas, es lo que las determinarán al final, lo que nos permitirá ser o no felices Valentine acaba de salir y viene a mi encuentro con una sonrisa Es muy bonita. No es una gran belleza, exuberante, de plástico como las mujeres que estamos acostumbrados a ver en televisión o en el cine. Es bella en su sencillez, en su naturalidad. Es bella porque todo en ella lo deja traslucir. Estoy seguro, mirándola, de que es una mujer de gran corazón, con capacidad de amar, y por tanto de sufrir. La discoteca no queda demasiado lejos, al otro lado del pueblo y no tardamos mucho en llegar. Como es lógico la música está a tope, y el techo es transparente lo que nos permite ver las estrellas en esta noche despejada. Pido un whisky y ella un cubata de cacique. Bailamos un rato mientras que se va llenando de gente. Luego, aprovechando que ella conoce a los camareros, averiguamos que efectivamente Sam estuvo allí, se metió en una conversación en la barra sobre parques temáticos y comentó que al día siguiente tenía intención de visitar Terra Mítica junto a Benidorm. Yo por dentro pensaba qué se le habría perdido a este hombre en un parque temático, pero ya sabía por dónde continuar mi búsqueda
Los whiskys han nublado un poco mis sentidos junto con la música y el cielo estrellado que Pachá nos ofrece. No me apetece quedarme por mas tiempo, así que le digo a Valentine si nos vamos a dormir. Con cara de traviesa me dice que si y nos vamos al hotel. Nada más entrar en la habitación, nuestras miradas se encuentran, como sin querer, ávidas de deseo, de caricias Nos acercamos el uno al otro al unísono y nuestros labios se buscan como con desesperación. Estrecho su cabeza con deliacadeza entre mis manos mientras nuestras lenguas juegan ávidas, luego nos mordisquemos mutuamente hasta casi hacernos daño. Mis manos se han ido deslizando como sin querer, rozando al descuido sus pezones erectos bajo la camiseta y consiguen su efecto, causando movimientos sísmicos en ella. La acaricio con suavidad. Son pequeños y duros y me consumo en deseo de acariciar su piel, pero me contengo. Continúo aún un poco más mientras seguimos besándonos En un momento deslizo mi mano bajo la camiseta. Es muy ajustada y apenas puedo manejarme, así que con el reverso de la mano la voy subiendo hacia arriba, buscando libertad de movimientos No lleva sujetador Bordeo con mis dedos sus pezones, con suavidad, lentamente, la calidez de sus senos me enerva su piel es suave y cálida luego se los pellizco con ternura, buscando en sus gemidos y semblante la sintonía que busco los abarco con mis manos aprisionándolos con delicadeza Juego un poco más y mis manos se deslizan por su cintura, ahora desnuda, beso centímetro a centímetro su vientre mientras desabrocho el cinturón de sus pantalones y se los voy bajando. Lleva braguitas blancas y por encima de ellas acaricio la parte interna de los muslos, apenas rozando su sexo Lo acaricio superficialmente, con suavidad, sin llegar a introducir mi dedo en él, y noto la humedad por encima de la braga . Poco a poco, la voy deslizando hacia abajo, dejando al descubierto una pequeña mata de vello cuya visión me excita extraordianriamente Hay una cómoda cerca y hacia ella la conduzco, sentándola en el borde.. yo me coloco de rodillas y pongo sus pies sobre mis piernas termino de bajar sus bragas mientras continúo besando su bajo vientre, deslizándo mis besos cada vez más abajo ya estoy perdido entre su vello púbico le abro las piernas con delicadeza y con mis dedos acaricio sus labios vaginales, abriéndoselos, buscando el clítoris hasta que lo encuentro, incipiente Se lo beso, mordisqueo con delicadeza sus labios, y se lo acaricio con la lengua... ella gime y se mueve al compás Tiene sus manos agarrándome la cabeza, movíendomela a su gusto los gemidos van en crescendo hasta que acaban convirtiéndose en un quejido prolongado... se queda quieta un instante, luego va subiendo mi cabeza con sus manos y me besa con ternura, me cambia de posición, me desabrocha la camisa, sin abandonar mis labios que sigue mordisqueando Acaricia mi pecho, luego mientras sigue deslizando sus manos hacia abajo, besa mis pezones, los chupa, me los mordisquea con cuidado Me está desabrochando el cinturón, luego los botones de los vaqueros me acarica por encima del slip mientras besa mi vientre, lo acaricia con la lengua Me baja el slip, dejando mi erección al descubierto Ahora agarra mi pene con delicadeza, lo besa, lo acaricia haciendo círculos con la lengua y poco a poco se lo introduce acompasadamente en la boca Yo la agarro de la cabeza, guiándola en sus movimientos hasta que ya casi no puedo más Entonces hago que se levante, nos quitamos como podemos los pantalones que quedan desparramados por el suelo La vuelvo a situar sobre la cómoda, justo en el borde, y abro de nuevo sus piernas Me introduzco suavemente dentro de ella. Al principio solo un poco, exacerbando su deseo me agarra de las nalgas queriendo introducirme entero, pero no la dejo... sigo solo un poco más excitándola hasta el límite. Tengo el control y jugaremos a mi manera Cuando creo que es el momento y ya no puede más, me dejo ir hasta dentro, con movimientos suaves, recreándome en su vaivén, sintonizando con sus deseos, sólo sintiéndola Siento el roce de mi vello con el suyo en cada movimiento hasta que se va Es un gemido largo, entrecortado.. eterno Sin darse cuenta, me ha clavado las uñas excitándome aún más Tras un instante me salgo y la doy la vuelta. Ella se deja hacer, colabora Separo sus piernas desde atrás y de nuevo la penetro... la siento húmeda, su vagina se abraza sobre mi pene La sujeto por la cintura mientras me muevo, golpeando sus nalgas con mis muslos a cada movimiento... En el espejo de la cómoda veo como en una película toda la escena, su cara placentera, la boca entreabierta respirando deprisa, los ojos cerrados, para poder sentir mas... La sujeto ahora por los hombros mientras que hago más rápidos mis movimientos, deslizo las manos hacia abajo acariciando sus pechos, apretándoselos mientras me voy en un estallido de luz que se prolonga y mezcla con mi respiración agitada Me despierto inquieto, a mi lado el cuerpo desnudo de Valentine reaviva de nuevo todos mis sentidos, haciendo que me tape con la sábana. Su sueño es tranquilo, relajado. Cara arriba, sus pechos apuntan desafiantes hacia el techo. No son muy grandes pero son tersos, hermosos. Su vientre es ligeramente curvo desembocando en la pequeña nube de vello que apenas cubre su sexo. Ardo de deseo, pero aparto la mirada. Un nudo en el estómago me impide seguir adelante. Me levanto con cuidado de no meter ruido mientras la miro. Así, dormida y semidesnuda resulta aún más atractiva. Es agradable y cariñosa. No anida en su corazón la menor malicia, la menor falsedad. Sería fácil volverse loco por ella. Ver su belleza desnuda sobre la cama me está enloqueciendo de deseo y sin embargo tengo el corazón aún en otro lado, herido y maltrecho. Cuando regreso de la ducha, Valentine está despierta Pudorosamente se ha cubierto con la sábana y me sonríe traviesa desde la cama tapándose hasta casi el cuello -Ven.me dice, extendiéndome los brazos y dejando sus pechos al descubierto Me acerco a ella, me abraza y me besa en los labios Con suavidad me aparto de ella y me termino de vestir. Su cara se ha puesto triste, seria -Me tengo que ir, ¿lo entiendes? Le digo con cariño. Ella asiente con la cabeza. -¿Volverás? -Creo que no. Pero allí donde vaya nunca te olvidaré... Se queda en la cama. Yo con mi bolsa de viaje, la despido desde la puerta con un beso, que me devuelve, mientras me dice adios con la mano. Mi vida es una sucesión de despedidas. Podría describirla con detalle, contando las veces que me he despedido de alguien. Terra Mítica en Benidorm me espera.
Llego temprano. El aparcamiento está casi vacío lo que me hace suponer que no habrá mucha gente y resultará más fácil mi búsqueda. Tras pagar la entrada, pido un plano del lugar, en la misma taquilla. Conozco Port Aventura, y por lo que veo se trata de un lugar similar. Me sorprende que todo está a medio hacer Cables por encima de los jardines, estos con la tierra al descubierto, sin césped De entrada me decepciona. El parque es muy grande y deberé darme prisa en recorrerlo para encontrar a Sam antes de que lo abandone. Casi todas las atracciones están vacías, pero Sam no aparece por ningún lado. Quizás esté en alguno de los espectáculos. Pruebo suerte en la montaña rusa "Magnus Colosus" y me resulta incómoda y aburrida, no me dice nada tras haber probado el "Dragon Khan" de Port Aventura. Me he recorrido casi todo el recinto y no le he encontrado. Ya casi desespero cuando veo caer la cabina del "Vuelo del Fenix" y un grito gutural inconfundible me hace mirar hacia allí Efectivamente, allí está Sam con uno de los Rusos a su lado. Deberé tener cuidado, vigilar desde lejos Cuando se bajan, a distancia, los sigo. El ruso se ha juntado con una rusa. Poco después les descubro junto a una embarcación en el puerto cargando colmillos de marfil, seguramente de contrabando. Cuando salen del parque me decido y con cautela me acerco a ellos Sam me desconcierta, me está esperando encima de una mesa y cuando me ve se echa a reir, se troncha Me presenta a los rusos, dos amigos de Bilbao con quienes se ha encontrado en Torrevieja. Sabía que yo estaba en un momento bajo, conocía mi historia con Alba y se decidió a ayudarme de la única manera que él sabe ayudar. Había creado una nueva aventura para mí con la complicidad de Sandy. Sabía que si él desaparecía, le buscaría y que acabaría encontrándole. Sabía que mientras que estuviera ocupado en su búsqueda me sería más llevadera mi ruptura con Alba, que mis fantasmas me dejarían en paz. Y lo consiguió. Gracias Sam por este viaje. Gracias valentine por tu ternura y por tu amor. Estoy de nuevo en la carretera, viajando en el atardecer... Atrás quedan momentos muertos, otros vivos, mi mente distraída durante varios días de actividad. Nuevos amigos, paisajes, costumbres que recordar. Y allí, al final de éste camino que comienzo, me espera de nuevo Bilbao. El Bilbao de siempre, mi Bilbao leal y afectivo que me acogerá con los brazos abiertos... Alba se ha quedado en algún recodo del camino echa jirones de memoria, como un recuerdo, una imagen difusa y desdibujada..., como un viejo sueño que ya nunca volveré a soñar... |
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