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EL RINCON DE DAVE.

VIAJE A LA NADA

Siempre me ha gustado mirar el atardecer de Bilbao desde mi ventana. Es una imagen plácida, llena de luces tenues que invitan a la meditación, al pensamiento por el mero placer de pensar. En la mano un buen whisky de malta para saborear y la mente en otros mundos, mundos recónditos de la memoria… Parafraseando a Cofiño, meditaba sobre el último amor sin tener clara aún la próxima batalla…

Alba… No puedo dejar de pensar en ella por mucho que me lo proponga; es como un remanso al que vuelve mi pensamiento por muy lejos que trate de llevarlo… y cada vez que vuelvo a ella me duele su lejanía…

Mejor olvidar, mejor acabar el trago amargo y no pensar en nada…

Es un atardecer triste, de esos en los que el alma se llena de melancolía, nos sentimos vacíos por dentro y no hay nada que pueda llenarnos, hagamos lo que hagamos… En estos momentos me gustaría huir muy lejos, dejarlo todo atrás, buscar nuevas caras, nuevas palabras, nuevos decorados en los que no haya nada que me recuerde la sensación de vacío sin ella…

El chirrido del teléfono, me trae de vuelta a la realidad. Es Sandy, y su saludo suena a preocupación, me pongo en guardia…

-Hola Mac, ¿te interrumpo?

-Claro que no Sandy, tu nunca interrumpes, ¿cómo estás?

-Bien... bueno, preocupada… Sam ha desaparecido…

-¿Cómo que Sam ha desaparecido?

-Sí, hace tres días que no sabemos de él y no podemos localizarlo… Temo que algo le haya pasado. –Su voz era sombría, realmente algo no funcionaba, nunca había visto tan compungida a la alegre y simpática Sandy.

-Pero… ¿todo iba bien… habéis tenido alguna pelea? –Sam y Sandy se casaron el pasado verano, y yo fui su padrino…

-No todo iba muy bien. Sam se fue a Alicante por negocios. Yo me quedé a cargo de la oficina, por eso no pude ir…

Según pude entender, Sam había salido una semana antes camino de Alicante por negocios y todos los días llamaba a su oficina, para estar al tanto de como marchaban las cosas y dar instrucciones sobre los asuntos nuevos… Desde hacía tres días no tenían noticias de él, no respondía en el móvil y no figuraba registrado en ningún hotel de Alicante… Recordé que Sam me había comentado que se iba de viaje, y que me había llamado al teléfono de casa desde algún lugar, poco antes de llegar a su destino… Con un poco de suerte, el nº de teléfono estaría aún registrado en el Novacom digital…

-No te preocupes, Sandy, seguro que no es nada. Yo me ocupo del asunto, te tendré informada. Me voy a buscarlo…

Efectivamente, el nº desde el que me llamó Sam aún está en mi telefono, coincide la fecha y la hora. Les llamo y me dan su dirección. Se trata de un restaurante en un área de servicio de la autopista de Valencia, en Saelices provincia de Cuenca. Sam es muy extrovertido, estoy convencido de que en su parada habló con alguien. No es mucho, pero es lo único que tengo para empezar…

Recuerdo mis pensamientos diez minutos antes. Quería huir, dejar la ciudad, dejar atrás mis pensamientos, ocupar mi cabeza con algo que me hiciera olvidar…

En media hora estoy preparado. Llevo un traje de color crudo, sin corbata, claro. Un camisero de color verde, mi inseparable sombrero panameño y gafas de sol. En el espejo me gusta lo que veo, pero no me reconozco. No me ilusiona la nueva aventura. Es una huida hacia ninguna parte…

El deportivo es bajo y la gravilla del terreno golpea con fuerza los bajos según me acerco a la verja de la finca, que parsimoniosamente se va abriendo… Fuera, la nada…

Sólo oscuridad en esta tarde que se acaba… Acelero y me siento mejor notando los 200 caballos galopando suavemente hacia la autopista…

No es buena la melancolía cuando se conduce de noche, los pensamientos de los que huimos anidan en nuestra mente sin que el paisaje que pasa veloz a nuestro lado logre distraernos… Le piso a fondo, como si cuanto más corriera más lejos quedara la tristeza. Es un viaje hacia la nada, hacia ningún lado, pues aquello de lo que huyo viaja conmigo… Nunca lograré que me abandone, forma parte de mi propio ser...

Ya sólo veo las líneas blancas de la carretera, son mi única guía… y allí al fondo las estrellas en esta noche despejada…

Sigo corriendo, devorando asfalto tratando de alcanzarlas, pero apenas percibo que son inalcanzables el corazón se me inunda de tristeza… Sólo quiero alejarme, irme muy lejos en este viaje suicida hacia ningún lado, sin principio y sin fin…

Sólo me satisface el propio viaje, y el chirriar de las ruedas en las curvas, pues me hacen sentir vivo…

La felicidad está ahí, en la oscuridad, bajo las estrellas. Pero no hay mapas que nos guien hacia ella. Quizás toda una vida no sea suficiente para encontrarla…

Atrás queda Alba y un mundo de ilusiones rotas… Devoro la carretera alejándome de ambas…

(Continuará)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bilbao, 18 de marzo de 2001


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