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EL RINCON DE DAVE.

CENA DE BIENVENIDA A STAM

Era un tarde lluviosa y fria, típica del invierno de Bilbao, si no fuera por el viento que a veces sorprendía al doblar una esquina. Estaba ya oscuro pero ello no era óbice para que la Plaza Nueva estuviera llena de gente, al amparo de los cafés y bares que la circundan. Había ambiente. Llegue algo pronto, aún no eran las 9.30, hora de la cita para quienes quisieran atreverse a tomar unos potes antes de la cena. El Café Bilbao estaba lleno de gente, e incluso las mesas del exterior estaban todas ocupadas.

Tras echar una ojeada y no encontrar a nadie conocido aproveché que una pareja inglesa abandonaba su mesa y tome posesión de ella. No me apetecía nada permanecer esperando en el interior, de pie, y dándome codazos con los demás para que me sirvieran.

No tardó en aparecer el camarero y tras comentar con él lo inabitual y molesto del viento, le pedí un riojita para entrar en calor.

Era sábado y la gente hacía tiempo hasta la hora de la cena, quizás para ir a un espectáculo o quizás simplemente malhería las horas hasta el momento de irse para casa.

No llevaba aún mucho tiempo de espera cuando de las sombras de la plaza surgió Stam embutido en su chamarra de cuero. Estaba aterido, pero su cara permanecía impasible, como en una película de gánsters en la que un gesto de debilidad pudiera costar la vida. Estaba en Bilbao y en Bilbao no tenemos frio, ni nos ponemos enfermos ni nos embolingamos por mucho que bebamos.

Todo un bilbaino, si señor. Stam no se había sentado aún cuando aparece también otro chatero. Este disimula menos el frío, trae las manos en los bolsillos, la guerrera completamente cerrada y el cuello de piel subido. Sus ojos parece como si se hubieran quedado congelados, casi no pestañea mientras nos saluda. Llega también Joseba, en mangas de camisa, nos da miedo, y sobre todo envidia. Claro, él es todo un chicarrón del norte, fortachón y el frío no hace mella en él.

Ya como en una avalancha llegan también Morgana y Bihotz. Esta última viene acompañada por Raquel su buena amiga.

Sabíamos que no íbamos a estar muchos. El puente ha desperdigado al personal y era de esperar. A Joseba le han fallado sus amigos de Palma, nos quedamos esperándoles un rato y nos vamos a recorrer el Casco Viejo, a charlar y conocernos, a bromear y divertirnos mientras tomamos algo que nos abra el apetito.

Para las 10.40 estamos en el Ariatza en Somera. Como se nos ha hecho tarde subimos directamente al comedor. Nuestra mesa ya está preparada y los entremeses que vemos sobre ella tienen una pinta excelente. A uno debemos retenerlo, pues se lanzaba ya sobre ellos sin guardar las formas, sin esperar a que todos estemos sentados. Es un tragalari y así está echando la tripita que tiene.

Nos sentamos y tras alabar a los dioses por tanta suerte de estar juntos, y especialmente por los platos de jabugo que hay encima de la mesa, nos comenzamos a servir, cuando hete aquí que mis ojos no dan crédito, se me quedan como platos, alucinan en colores…

Llega la cuadrilla que tiene reservada la mesa de al lado y entre ellos mi ex-novia, que cuchichea y me mira y vuelve a cuchichear. No nos hablamos, cosas del desamor. Afortunadamente se sienta de espaldas, pero para mi la situación es incómoda. No obstante, Bihotz a mi lado me anima y reconforta con su amistad.

Hacemos caso omiso y metemos mano a los embutidos, queso, pates, puding de cabracho, etc. Nuevamente debemos llamar la atención y reprender a un chatero. Le explicamos que la bandeja del paté es para todos, no para uno solo y muy a su pesar la comparte.

A Stam le aconsejamos sabiamente, diciéndole que no debe probar el jamón, que no es saludable, aparte de por las grasas por la adicción que le puede producir. Ni caso, tiene que probarlo todo. Nos comenta algo sobre los langostinos de su país que llevan un sable. Yo no le presto mucha atención. Ya se sabe la imaginación que tienen los griegos.

Lo que es excelente es el Rioja, entra sólo, y Stam le ha cogido gusto a brindar cada cinco minutos. Nos ha cogido mucho cariño y regularmente llena su copa, se levanta y brinda por la amistad, por el jamón y por el rioja. Se ha apalancado una botella y no la suelta, incluso en un momento dado brinda armado con un cuchillo para no dejar dudas sobre quien es el propietario de la botella. En fin, nosotros también le queremos y Joseba se encarga de irle pasando platos de todo a la espera de que se despiste y suelte la botella.

Morgana que es la más formal se ha encargado por votación popular de controlar al tragón, que está calladito y tranquilo, pero que no quita ojo a los platos y aprovecha la menor ocasión para meter la zarpa.

Al pedir los segundos platos pesa en el ambiente lo de las vacas locas. La mayoría pide filete de avestruz y yo un bacalao al pil-pil. Pruebo el avestruz y no me dice mucho, me resulta insípido, una mezcla entre carne de ternera y de ave. La presencia se asemeja a la de la carne de vacuno.

Raquel que al principio parecía tímida se ha ido animando y nos hace reir a todos con su simpatía. En un momento dado se empeña en que debemos "porlar" y que debemos hacerlo encima de la mesa. Yo me sonrojo terriblemente y por suerte al final nadie se anima y no "porlamos".

Bihotz, que es un encanto de mujer, además de muy guapa y alegre, es la única persona sensata, de no ser por ella hubieramos acabado cantando villancicos encima de las mesas.

Con los postres acabamos la cena y nos vamos a descubrir la noche.

Comenzamos por El Balcón de la Lola, local de ambiente gay recientemente abierto en Bailen. Bailamos y nos lo pasamos bien, pero los chicos dicen que la música no les va que pinchan mal, que mejor vayamos a otro local que pinchen la música mejor. Continuamos en el Enigma, ambiente gay también. Stam y Joseba se negaron a abandonar el rincón en el que habían encontrado cobijo. Fue imposible sacarles de allí. Uno de los asistentes más audaz, apoyado en la barra no daba crédito y miraba a diestro y siniestro. Así que mientras los demás bailábamos, ellos observaban y nos cuidaban las bebidas.

Se negaron a que el siguiente fuese también un local gay, así que recurrimos al Mitote. Estaba repleto y era difícil moverse, incluso para pedir, no digamos para bailar. Aún así allí permanecimos haciendo risas, bailando, tomando unos cubatas, e increpando a todos aquellos que al pasar nos interrumpían.

Salimos de allí sobre las 4.00 de la mañana decidiéndonos a probar suerte en Santutxu. Estaba ya todo cerrado. Probamos con algunos garitos, llamando al timbre, y por fin al 4º intento logramos que uno nos abra la puerta. Está a rebosar y nada más entrar el humo ciega nuestros ojos. Con la música a tope apenas si podemos hablar, pero bailamos y bebemos.

La noche llega a su fin. Al salir, aún permanecemos en la calle media hora despidiéndonos. Nos cuesta. Nos lo hemos pasado bien y hacemos votos de repetir la experiencia. Nadie se decide a marcharse el primero y seguimos hablando, recordando la experiencia y planificando otras mientras una fina llovizna nos va calando. Al final, con tristeza nos abrazamos y nos vamos separando. Aún no ha amanecido, pero se ve la primera luz insinuando el nuevo día. Hasta pronto amigos. Volveremos a vernos.

A la espera de los postres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"El Rioja es mío", nos decía Stam y, ¿quien lo iba a dudar si se ponía así?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todos juntos, la camarera no sale porque es quien hizo la foto.

En Bilbao, 23 de diciembre de 2.000, a las 3,30 de la mañana. 


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