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Estaba cantado. Era
una liada en toda regla. Llevábamos hablando de ello, organizándolo
durante el último mes. Y al final, casi la final de julio concretamos
la fecha tras comprobar que haría buen tiempo.
Habíamos quedado en Santutxu, en la Zona. Tomaríamos unos
potes como todos los días y luego iríamos cada uno en su
coche hasta casi llegar a Barrica.
Un poco antes de llegar, allí a la izquierda, en medio de una manta
verde de hierba y plantas tropicales está un anticipo del paraiso
con vistas al mar.
No se puede hablar de local, más bien de un complejo donde lo que
más destaca y se disfruta son las terrazas sobre la hierba frente
al mar.
El local principal es pequeño y tiene una galería acristalada
tambien con mesas para los días de mal tiempo. Además existen
un par de barras, al modo de los chiringuitos veraniegos, disppuestos
estrategicamente en la amplia campa. Las tres barras dan servicio al centenar
de mesas distribuidas por el lugar.
Estés donde estés el mar al fondo da sensación de
inmensidad. Te relaja, y sientes lo pequeño que eres y que no merece
la pena preocuparse por nada. Mañana sera otro dia, pero hoy es
un dia especial.
Es un lugar idílico, amplio y cómodo en el que estar a gusto,
sentirte relajado, charlar con tus amigos o con tu pareja con una perspectiva
de la vida distinta.
El Golfo Norte es un lugar de moda en Vizcaya. Casi todo el mundo lo conoce,
y casi todo el mundo se ha sentido diferente alguna vez en él.
Hay un aparcamiento inmenso, gratuíto que te facilita el llegar
con la certeza de que no tendrás que regresar por falta de sitio
para dejar el coche. Muchas parejas no llegan siquiera a salir del vehículo.
Se quedan en él, mirando al mar, dejando que sus manos, sus labios,
sus sentimientos y deseos hagan el resto
Habíamos quedado con Ziki a las 3.00 de la tarde. Y cuando llegamos
ya en uno de los extremos que bordean el local principal hay preparada
una mesa especial, resguardada del viento y con sombrillas, en la que
se supone que vamos a comer. Antes unos marianitos hasta que nos juntamos
todos.
Cuando llegan los últimos, vamos a comer.
Nuestro anfitrión nos ha preparado un verdadero banquete. De primero
berenjenas rellenas, hechas al horno. Estan deliciosas igual que el rioja
que nos ha reservado. Estamos una docena de personas.
La comida transcurre tranquila, conversamos y reimos. El segundo plato
es un plato especial. Se trata de carne de Emú a la plancha, con
sal gruesa y cuando nos la sirven está deliciosa.
Es una carne similar en pariencia y en sabor a la de ternera, solo que
con mucha menos grasa. Es un verdadero manjar que degustamos con las botellas
de rioja que, una tras otra van apareciendo sobre la mesa.
De postre queso de Arcentales y cerezas.
Es tarde estival y el postre, los cafés y las copas que siguen,
facilitan la conversación. Hablamos de política, algo indispensable
en nuestro país, algo que vivimos a flor de piel. Somos gente de
distintas tendencias pero que nos respetamos, que somos capaces de hablar
y entendernos, de convivir. No obstante al final nos centramos en la relación
de pareja, sobre la lealtad, sobre cuándo y cómo se llega
a producir el cambio en las relaciones. Divagamos durante horas y me quedo
solo defendiendo mis posturas, me vapulean por todas partes, pero me da
igual. Estoy seguro de lo que pienso y de lo que creo, de lo que siento.
No cambiaré en esto, de eso estoy seguro. Pase lo que pase, es
como mejor me siento. Siendo honesto conmigo mismo, legal con los demás.
Hasta el extremo en que duele, hace daño....
Luego hablamos de
sexo, y también hay polémica. La discusión versa
sobre qué es primero, el placer personal o el de tu pareja.
Casi no nos hemos dado cuenta, pero el tiempo ha pasado, primero la tarde
y ya estamos en el comienzo de la noche.
Me fijo en las terrazas, rebosantes de gente. Pienso en cual es el secreto
de cada uno/a de ellas, qué les ha llevado allí, cual es
la historia que se esconde tras esos rostros desonocidos. En que piensan,
qué esperan de la vida, cuáles son sus espectativas e ilusiones,
que harán cuando dejen, mas tarde, de mirar al mar...
Y da igual. Me llama la atención de forma especial Diana. Está
sola en una mesa, toma un café y lee un libro. Me inspira ternura.
No tiene miedo a estar sola, está agusto en su soledad rodeada
de gente. Incluso cuando nos metemos un poco con ella, nos sonrie y nos
sigue el juego. Es un encanto dispuesta a jugar, pero al final jugamos
poco y se va...
Nos lo hemos pasado genial.
También hemos hablado del destino. Me sorprende la cantidad de
gente que piensa que su vida está predeterminada. Creo que siempre
elegimos, entre las cosas más importantes, y entre las mas pequeñas.
No tenemos control sobre como discurrirán las cosas cada vez que
hacemos una elección, pero la elección no me cabe duda de
que ha sido de cada uno. Esa llamada que hemos hecho, o que no, que esperamos
recibir y que no llega... Cambia nuestra vida y sólo sabremos de
las dos posibilidades, el resultado de la que hemos elegido. Nunca sabremos
cómo podrían haber sido las cosas de haber elegido la otra.
Cada vez que nos enfrentamos a una elección y elegimos se abren
un mundo de nuevas posibilidades distintas a las que se hubieran presentado
de haber elegido otra distinta.
Nuestras vidas en lo esencial las vamos determinando nosotros mismos cuando
navegamos por esos millones de elecciones que hacemos durante nuestra
vida.
Tras la comida han
rodado los cubatas y en ningun momento nuestros vasos han estado vacíos.
Nos sentimos muy a gusto mientras vemos una preciosa puesta de sol en
el mar. Es fácil dejarse llevar por la melancolía, sentirse
perdido ante tanta belleza. Es fácil sentirse muy pequeño
en este lugar paradisíaco del Bilbao tropical
Intuyo que la felicidad, en un día y lugar así, no debe
estar muy lejos, quizás a un paso. Siempre a un paso que no sabemos
hacia donde dar
Ya llega la hora. Nos lo hemos pasado genial durante siete horas de amistad,
de risas, de buen ambiente en el que hemos hecho nuevos amigos y amigas.
Ha sido un dia distinto para recordar.
Me he puesto melancolico
al final. El atardecer se presta a la reflexión. Me pregunto porque
tengo tantas ventanas abiertas sin aparentemente ninguna razón.
Y me pregunto por que tengo otras cerradas sin explicarme por qué.
Es hora de cambiar, de mirar al futuro con alegria, con ilusión...
Nada puede doblegar un bambú. Pasarán los días de
tormenta y seguirá erecto, meciéndose al viento
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