| ODISEA ESTIVAL |
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Tiene Castro Urdiales un sabor especial. Tiene un encanto, una magia indescriptible. Tiene playas, iglesias, turistas, habitantes (bastantes habitantes, muchos de ellos deshabitados ), puerto, trainera y a veces hasta un poco de sol Tiene Castro Urdiales un aura que lo rodea, imperceptible para el viajero poco avisado, pero tangible en el día a día de quienes, por dicha o por desdicha, recalan en sus calles, en la arena de sus playas, en los garitos que lo pueblan Tiene Castro también (por suerte) a la encantadora y siempre risueña y optimista Carla, rubia donde las haya, de sonrisa sincera y ojos limpios y claros. Todo en ella es un homenaje a la franqueza, la diversión y la amistad. Tiene a Cristina, con su discreción y simpatía, con su "savoir faire" que dirían los franceses y que yo no digo porque a saber lo que significa. Con sus ojos escrutadores, que todo lo ven, que a todo sonríen. Y también tiene a Marian. Marian la todo terreno que, como Atila, arrasa por donde va con su encanto y el empuje de su cimbreante y conciso cuerpo. Sorprendida y a la defensiva ante una vida que la desborda, pero sin perder su pequeña dosis de rebeldía. Tiene a la bella y morena María con sus habilidosas manos gesticulantes, con su sonrisa enigmática, con su mente ágil y despierta Tiene también a Charo y a Maite y a Nati Y tiene también a Jose Pero bueno, no quiero aburriros hablando de Jose pues entre otras cosas es moreno, regordete, con bigote y sin nada, nada de glamour Pero por encima de todo, Castro tiene un submarino varado tierra adentro, un submarino llegado de no se sabe donde, pero cargado de ilusiones, esperanzas, deseos y canapés. Es un lugar de recreo, parque de atracciones para los castrenses (¡castrenses no, burrro, castreños!) en el que los niños retozan alegremente llenándolo todo con sus risas, con sus cantos, con sus juegos Haciendo felices a sus padres (también alegres, amables y divertidos), a los navegantes de paso y, sobre todo, a la paciente y risueña tripulación, siempre dispuesta a hacer las delicias de sus visitantes. Todo es risa y alegría en Castro y sobre todo, en ese submarino que, una vez, cambió los vaivenes de las procelosas aguas oceánicas, por el paradisíaco lugar en el que se encuentra encallado en Castro
Tras esta pequeña, pero explícita introducción, entenderéis por qué, tras muchos años sin apenas vacaciones, en esta ocasión que podía disfrutar de ellas durante un mes, elegí como campamento central de operaciones de mi veraneo, el Submarino Café en Castro Urdiales. Que marianitos tan extraordinariamente preparados pude tomar a la sombra de una inmensa carpa, que cubre su bien cuidada terraza, al borde de una palmera tropical... Nada me molestaba. Ni el sol atormentado por las nubes del mes de agosto, ni la brisa marina que retozaba alrededor para intentar colarse, ni los querubines risueños que danzaban por encima de mesas y sillas ante la encantadora y cómplice sonrisa de sus padres. Qué placidez tan extraordinaria, sólo rota por los vecinos del inmueble que, con su encanto y amabilidad, cada vez que salen de sus casas no dejan de pasar a ver y saludar a los nuevos visitantes ofreciéndoles su mejor hospitalidad En esos días, escribí en esa terraza mis mejores y más bellos poemas lástima que durante los vientos y lluvias de finales de agosto salieran todos los folios volando para, al final, fundirse y diluirse con el Cantábrico cabreado que azotaba la costa Lo cierto es que cada vez que algún compromiso, me sacaba por unas horas, o por unos días de "mi" submarino, y del entorno cálido y acogedor de Castro, yo sufría Pero el deber es el deber, y así, hubo una ocasión, en que, mientras desayunaba en mi barrio, ilusionado por lo que en aquel nuevo día me depararía mi visita a la ciudad Cántabra, me encontré con mi amiga Veli y varias chicas más. Cual no sería mi sorpresa al conocer que sus amigas también eran actrices y que juntas estaban representando una obra en el Teatro Ayala. No tardó en aparecer mi amigo Boss como por arte de magia (no sé cómo lo hace, pero siempre que hay chicas, aparece), pero no os hablaré de él, pues no quiero aburriros hablándoos de un chico galante y emprendedor, donjuanesco donde los haya El caso es que juntos disfrutamos de la mañana, del mediodía y de una excelente comida a base de pescados y mariscos regados con una buena sidra (¡¡¡siiiii ya sé que marisco y sidra no pegan, fue idea de Boss !!!, ¿qué iba a hacer yo si era él quien pagaba ?) Nos dejaron unas entradas en taquilla y fuimos a verlas esa noche. La obra se titulaba RULOS y llevaban ya algún tiempo representándola con gran éxito en Madrid y Barcelona. Nos reimos mucho. Se trata de una divertida comedia en la que cuatro chicas, trabajadoras de una peluquería, convierten un extraño acontecimiento en su trabajo, en un auténtico esperpento en el que se implican desde sus vidas cotidianas. Aunque se trata de una obra orientada a la risa directa y fácil, a divertir más que a educar, me llamó la atención la forma tan sutil en que queda patente su moraleja: hay que vivir y dejar vivir, y las propias convicciones hay que transmitirlas, nunca imponerlas. Os recomiendo que si podéis y tenéis ocasión, vayáis a verla. Veli estaba imponente (me refiero a su semi-desnudo en la obra) y su personaje era totalmente creible y en un registro que no me esperaba de ella. Alicia, inmejorable, divertida y tierna. Pilar demostró las tablas que tenía, excelente. Y Malena (que tiene nombre de tango) sorprendente, nada que envidiar a su hermano y a su padre, más conocidos en nuestro cine. A la salida del teatro junto con varios amigos y amigas (también de la farándula) que habían llegado de Madrid para verlas, nos fuimos a cenar al Puerto Deportivo de Algorta. La cena fue una algarabía. Degustamos los mejores manjares, pescados a la parrilla. Yo, triste, mientras comía una dorada que se deshacía en la boca con cada bocado, no dejaba de pensar en las hamburguesas, platos combinados y sandwiches del Submarino Café. ¿Qué no daría yo en aquellos momentos por una Pony ? Durante la cena (como eran mayoría) se habló de teatro y de cine, haciendo risas con las anécdotas que unos y otras contaban de su procelosa vida interpretativa, pero sobre todo con la de aquellos que más encumbrados en el mundo del espectáculo, se creían divos y divas. Al terminar y, aunque eran fiestas en Algorta no nos quedamos y nos fuimos a tomar unos tragos hasta el Golfo Norte, ya sabéis el Bilbao Tropical. Hubo quien trató de hacernos cambiar de idea, pero con mucha seriedad les dijimos que nosotros no éramos de esos y esas que van al Puerto Deportivo y a Algorta, para ver si suena la flauta y pillan con alguna de esas pijas de "buena" familia, con muchos millones detrás y la vida resuelta. Nosotros somos gente auténtica, y no nos dejamos llevar por esas infames inclinaciones que mucha de nuestra juventud alberga cuando se desplaza a Algorta desde otros lugares. Si hay que pillar, se pilla, pero no hay que ir a buscarlo expresamente, hay que tener un poco de dignidad... En el Golfo Norte, ya con unos cubatas en la mano, jugamos a cambiarle los directores y sus correspondientes actores y actrices a algunas películas. Era divertido, pues parece ser que cada director tiene sus debilidades y resultan patentes en sus repartos. Acabamos cerrando el Golfo (y mira que es difícil ), así que debimos retirarnos. Como uno de los contertulios tiene un papel en la peli recién estrenada "Al otro lado de la cama", nos recomendó que fuésemos a verla y con esa idea nos despedimos de aquella gente de mal vivir, descendientes directos de titiriteros y bufones de otras épocas, que se divierten divirtiendo y entreteniendo a los demás... Así pues, de nuevo pude regresar a mi discreta rutina del submarino, a la observación directa de su funcionamiento cotidiano, penetrando en su cuarto de máquinas humeantes, en sus cocinas y almacenes, siendo partícipe de numerosas de sus inmersiones que nadie se quiere perder entre ululidos de sirenas, el sofocante calor de sus motores, ruido de campanas, y humo por todos lados debido a la ruptura de sus cañerías por la presión; mucha, mucha presión Pero la dicha dura poco y de nuevo debí abandonar mi apacible e instructivo retiro. Se empeñaron en ir a las fiestas de la Blanca en Vitoria. Sufrí mucho. No sé mis compañeros de aventura, pero yo sufrí muchísimo. Mucho ruido toda la noche, al paso de las comparsas con todo su instrumental, como en una competición infernal para dilucidar quien es más poderoso Sufrí mucho con tantas bellezas con sus blusas por las calles, por los garitos más insospechados, bellezas, eso sí, todas muy bajitas (¿os habíais fijado lo bajitas que son las chicas de Vitoria en general?) pero hospitalarias, encantadoras, divertidas Nada más llegar, habíamos quedado con nuestros amigos en una taberna cubana en las que nos prepararon una bebida demoníaca, blancuzca, con hierbas flotando y un aroma embriagador (digo yo, que sería el aroma). Creo que los llamaban "Mojitos", y doy fé desde estas páginas de que nos "mojamos" ampliamente. Ese fue el punto de arranque. Salimos de aquel garito en el que el calor y el roce de unos con otras nos hacía sudar copiosamente, para trasladar nuestra ya en aquellos momentos mucha alegría y cuerpos salerosos, hacia el Casco Viejo. Allí la algarabía era total a pesar de la hora tardía, la calle estaba a rebosar y en los locales casi sólo se entraba a pedir las consumiciones. Ante la imposibilidad de permanecer dentro de ellos, debido a la multitud que los habita, la gente permanece en la calle con sus tragos, bailando una mezcolanza de canciones procedentes de los diversos baretos y pubs. Una vez que dejamos nuestra impronta en muchos de aquellos lugares de perdición, nos trasladamos hacia la Florida y hacia Dato, donde el ambiente era más relajado y en lugar de los niños y niñas del Casco Viejo, había jovencitas y jovencitos garbosos. Más jovencitas que jovencitos, todo sea dicho de paso. Allí, bailábamos, hacíamos risas, y hasta alguno consideró oportuno darle la paliza al "pincha" solicitando canciones que nunca llegaron a sonar. Y si sonaron yo no me enteré, tan ensimismado estaba con lo que me rodeaba y con el movimiento de mis piernas que iban y venían ellas solas, vaya usted a saber donde Ya estaba amaneciendo cuando nos despedimos de nuestros amigos. Tras la despedida y antes de regresar, desayunamos copiosamente en un pequeño garito alejado del bullicio festivo, donde queriendo o sin querer nos esperaban dos bellezas morenas que, cómo nosotros, descansaban o se retiraban ya de la fiesta, y con las que no tardamos en hacer amistad entre cafés y pinchos de tortilla recién hechos. No sé si sería la melancolía que me producía la añoranza del submarino, tanto tiempo alejado de él. Pero comenzaba yo a ponerme tierno y muy encantador, cuando mi acompañante me hizo salir del local hacia el coche muy a mi pesar, ante la tristeza evidente de las chicas predispuestas a acompañarnos. Nos despedimos dándonos besos, entremezclando nuestras lágrimas y haciéndonos promesas eternas que jamás cumpliríamos... Ya de regreso hacia Bilbao, callejeando por Vitoria con las primeras luces tenues del día, vi algún que otro fantasma... Giré en la primera bocacalle buscando la autopista de regreso, con la esperanza de encontrarla Son muchas más las escapadas que durante un mes me vi obligado a realizar fuera de Castro, alejándome de mis amigos de la tripulación. Sería difícil recogerlas todas aquí. Y algunas sería incluso inconveniente recogerlas aquí Pero eso forma parte de otra historia, de otra película, risueña y placentera que me reservo con vuestro permiso en mis recuerdos. Algúna vez, de paso durante el día, también me paré a visitar a mis amigos del Bilbao Tropical, el Golfo Norte. Tomé alguna que otra cerveza con Ziki, en alguna de las obligadas paradas que hace en su ajetreada vida. Aitor me cebó a calamares fritos a pesar de que con reiteración le señalé que estaba a dieta. ¿Que dieta? ¡Bah!, una entelequia, un pensamiento fugaz, un buen propósito que me hice al comienzo de mis vacaciones al igual que lo de dejar de fumar, dar los últimos toques a mi próximo libro, o acabar la novela que tengo empezada. A estas alturas sólo son anécdotas que no me causan ningún remordimiento por las noches
También me vi obligado a escaparme a varias fiestas particulares entre las que cabe destacar la organizada por mi buena amiga Josune. Josune la de ademanes suaves y sonrisa cálida, la única chica que conozco a quien no le gusta bailar y que sólo baila cuando se le olvida que no le gusta Cuando llegué a su casa aún no habían llegado la mayoría de los invitados y quienes habían llegado estaban preparando los canapés en la cocina Me junté al grupo que resoplaba tratando de inflar globos a pleno pulmón. Cuando acabamos, entre los cientos de miles de globos que inflamos (al menos yo así me sentía) apenas podíamos andar. Nos sentamos a la mesa ya puesta. En total siete guapas mujeres y tres acongojados chicos. Estaba Agurtzane con su discreción, observándolo todo y sin soltar prenda. Begoña que era el alma de la fiesta metiéndose con unos y con otros para que nadie se apalancase. Ainhoa, controlando la situación y vigilando a Josune para que no se desmandase. Estibaliz, una de las autoras de los famosos canapés. Amaia, con su permanente sonrisa y voz consensuada. Izaskun, que nos dio envidia todo el rato (aunque no le dijimos nada) por lo morena que estaba tras llegar de vacaciones de las Islas. Zutoia, encantadora, que fue quien inicio el baile, contoneándose con los ritmos caribeños que sonaban en el equipo de música, para desesperación de los vecinos. Jose, que de vez en cuando me miraba como diciendo: "¿y ahora qué?, ¿salimos corriendo?" y Jesus discreto y amable. Josune era la encargada de mantener los globos en el aire y apenas daba abasto No sé si había pocos canapés, o teníamos mucha hambre, pero apenas los recuerdo. No tardaron en aparecer multitud de botellas sobre la mesa: whyskis de diversas marcas, rones blancos y añejos, malibú con piña y sin piña, licores exóticos, etc., etc. Lo que ocurrió después ya no lo recuerdo, sólo fuegos artificiales de colores por doquier La siguiente imagen que me viene a la memoria, tras ese lapsus en blanco, es de nuevo en "mi" submarino, con el aire azotando mi rostro, navegando hacia algún lugar mágico de los mares del Sur
Y después ya Galicia, Galicia la Celta, la mítica Tierra de mar y de piedras, de playas, de sol De nostalgias y de flores Recalé en Sanjenjo (o como dicen los gallegos Xanxenxo), en Vigo, en Moaña dónde eran fiestas y había verbena Después en Orense, y sin saber cómo una noche volví de nuevo a Carballiño (ni idea de si se escribe así). Pero esta vez no a comer una mariscada con mi amiga Margin, como el año pasado. Esta vez de repente me encontré allí con la hermosa Mirta a un lado. Mirta la dulce, la de los ojos de miel y la sonrisa eterna, Mirta que sabe estar de forma natural, que jamás pierde los papeles y siempre está pendiente de los mínimos detalles Mirta con su clase innata, divertida, inteligente y exuberante Y a mi otro lado Eddy, Eddy la bella, la fuerte y permanente, la cariñosa y comprensiva, Eddy la cómplice, la amiga Resumiendo dos rubias despanpanantes, de esas a las que cuando tienes 25 años te da reparo acercarte porque te dices: "¿Para qué, si para mí son inalcanzables?". Me paseé por los pubs y discotecas de Carballiño con dos rosas, una a cada lado, viendo la envidia que suscitaba entre todos aquellos que de lejos, sin atreverse a acercarse, nos miraban sin poder evitarlo Toda la noche bailando, hasta el punto que he perdido mis piernas, desde entonces no las encuentro Debieron quedarse danzando entre el humo y las luces al son del "Chihuahua", en algún lugar que no recuerdo Si alguien las ve, que me avise, las necesito para seguir danzando
¿Y ahora qué? Se acabó el verano, y comenzó de nuevo el trabajo, la rutina, las distancias insalvables, el tiempo escaso... Rodeado de ordenadores, de papeles, de máquinas infernales, de nuevos y viejos proyectos me recreo en el recuerdo de "mi" submarino En los recuerdos de ésta atípica época estival que nos ha tocado vivir y que tenemos la suerte de mantener en el recuerdo Acabo de terminar mi primera jornada laboral. Estoy en casa, en mi pequeño y acojedor despacho, sentado frente al portátil ¿Qué hago? Llorar. Llorar a moco y baba, rodeado de klenex por doquier, usados y sin usar ¿Vosotros
que haríais en mi lugar
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Una
parte de la tripulación del Submarino Café en Castro Urdiales
La
obra de teatro
![]() La peña de la farándula y mal vivir. Yo, como siempre, soy el que hizo la foto
![]() El Submarino apunto de iniciar una nueva inmersión
En
casa de Josune. Mientras esperábamos a que saliera el pajarito,
alguien se comió los canapés
Marchita
por la noche en el Submarino
![]() Las encantadoras Eddy y Mirta |
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2 de Septiembre de 2.002
dave@rinconglobal.com |
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