| Y ENTONCES LE DIJE... |
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Le dije que sus ojos eran hermosos que a su lado el sol palidecía de envidia Y ella siguió mirándome, como si no hubiera dicho nada
Le dije que sus cabellos eran suaves, como una canción, como una balada Pero ella miró hacia otro lado con tristeza, y suspirando, con los brazos cruzados, no dijo palabra
Le dije que a su lado me encontraba bien, que era divertida, cariñosa, alegre, bonita, que era capaz de llenar de ilusiones la vida Y ella, sólo derramó una lágrima.
Ya, con desesperación, le dije que su juventud era una canción a la esperanza, una melodía para quien supiera escucharla Entonces me miró fijamente, sin que nada cambiara en su cara
Le dije que su piel era aterciopelada, que deseaba acariciarla con ternura, y hacerle de nuevo el amor hasta la madrugada Ella no se movió, a la expectativa, fija en mi su profunda mirada
Ya con tristeza, mirándola fíjamente a los ojos, le dije que me gustaba y la quería, pero que no estaba enamorado, que mi corazón estaba en otro lado Entonces ella me sonrió con tristeza, y con todo su cariño me envolvió en un inmenso abrazo.
Y mientras se le escapaba otra lágrima susurró a mi oído: "Gracias por ser sincero y abrirme tu alma. Al menos ahora sé, porque aún estando conmigo, no estabas ni estarás
nunca a mi lado". |
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Bilbao, Febrero de 2.002, mientras reflexiono sobre las soledades "concurridas"
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