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DE PASIONES Y PRINCESAS (2)

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CAPITULO 2. LA TORTURA

 

Devil entró en la habitación que Anabel, le había reservado por teléfono días antes en Santillana del Mar. Funcional, el hotel estaba bien situado, cerca del aparcamiento que existe a la entrada del pueblo.

Introdujo su tarjeta-llave en la ranura del hall de la habitación nada más entrar, y se encendieron las luces del dormitorio.

Anabel, estaba en la cama, cubierta por la sábana y le sonreía con picardía.

Devil se quedó quieto, mirando sin disimular su sorpresa…

Todo su ser se debatía entre dos opciones, pero al final no pudo más y se dejó llevar por sus debilidades y por el deseo. Cayó sobre ella como una fiera hambrienta de su piel y de su aroma de mujer. Ella le abrazó mientras le besaba; bajo las sábanas su cuerpo estaba desnudo, y al verlo y sentirlo tan cálido, aún se enervó más. La besó con desesperación, pero a la vez con dulzura mientras acariciaba cada centímetro de su cuerpo. En aquel momento era incapaz de pensar en nada, sólo movía sus manos con certeza, como si éstas tuvieran vida propia y reconocieran con precisión el milímetro de piel que debían acariciar y cómo hacerlo, como si sus dedos tuvieran memoria. Ella, entre beso y jadeo, sonreía sabiendo que controlaba la situación, que una vez más había ganado…

Devil se desnudó en un instante. Ella comenzó a acariciarle el pecho, a mordisquear sus pezones volviéndole loco de placer. Poco a poco fue bajando sus manos hacia su sexo, a punto de estallar.

Devil no podía controlarse más y apenas conteniéndose se introdujo dentro de ella todo lo suave que en aquel momento podía. Ella mientras, se dejaba hacer, apenas sin participar, como un ser inerte con todos sus miembros abiertos, como quien ya ha realizado su trabajo y sólo espera recoger el fruto ansiado, sin darse cuenta de que se pierde la mitad de la fiesta…

Devil escuchaba lejano el sonido de un teléfono al que maldecía mientras su cuerpo intentaba, una y otra vez fundirse con el de Anabel entre suspiros agitados pero sin acabar de conseguirlo. Y de repente, en el momento cumbre, todo se derrumbó…

–¡Oh, dios mío, no te has puesto el preservativo ni yo el espermicida…! –gritó Anabel mientras apartaba de sí a Devil.

Devil quedó jadeante, perplejo y frustrado tumbado de espaldas, mientras oía el teléfono sonando cada vez más cerca y con mayor intensidad…

Con un sobresalto, Devil se irguió en la cama. Aunque muy en su interior ya lo sabía, comprobó que estaba sólo entre las sábanas. Todo había sido un mal sueño…


Todo menos el teléfono que sonaba sin parar sobre la mesilla de noche.

–Diga… –dijo Devil aún adormilado.

–Hola Devil, soy Beatriz, Anabel me ha enviado para que te ayude.

–No necesito ninguna ayuda, gracias. – respondió Devil malhumorado.

–Lo siento. No es cosa mía, me ha enviado ella. Te estoy esperando en la cafetería del hotel.

–Ahora bajo…–contestó Devil.

Estaba sudando, y el recuerdo de la escena con Anabel le hacía sentirse sucio. Sucio por dentro y por fuera, como si se hubiera traicionado a sí mismo. No se lo podía perdonar.

Ya en la ducha se enjabonó como nunca lo había hecho, como si el agua con el gel pudiera borrar su memoria más inmediata. Sentía desazón y escalofríos a pesar del agua caliente…

Cuando bajó, Beatriz le esperaba en la cafetería. Era más alta que Anabel y morena. Devil sólo la había visto una vez antes, pero enseguida la reconoció. Era una princesa de aspecto mediterráneo. Guapa con discrección, viendo su cuerpo bien formado de poco más de 25 años, nadie sospecharía los tres embarazos que había tenido.

–Hola Devil. –dijo Beatriz.

–Hola Beatriz…–contestó Devil, aún disgustado por su presencia y sin tratar de disimularlo.

–La verdad es que no te he dicho toda la verdad. –Añadió Beatriz.– En realidad fui yo quien le insistió a Anabel para venir.

–¿Y eso por qué, qué interés tienes tú en todo esto?

–Creo de verdad que te puedo ayudar. Pero antes de empezar con eso, te he traido un regalo que te gustará. Toma lee esto, ¿te acuerdas?. –explicó Beatriz extendiéndole unos folios.– ¿Realmente me considerabas así de mala?–dijo sonriendo.

Devil, se quedó lívido tras leer las primeras líneas y sintió que un viejo y casi olvidado rencor resurgía en su interior. Era un e-mail que había enviado a Anabel justo después de su ruptura con ella. Aún con el corazón roto y sangrante había dejado que sus sentimientos fluyeran certeros, todo lo que de bueno había en él estaba presente en aquella carta. Era una carta aún de amor sincero, con tanta sinceridad generosa como sólo se suele encontrar en la adolescencia. Cuando la escribió, aún no conocía muchas cosas relacionadas con la ruptura que después averiguaría.

–La carta me menciona. Anabel me la dejó para leerla y me la quedé.–Continuó Beatriz.


 


Las calles empedradas de Santillana del
Mar nos trasladaban al Medievo

 

Devil, comenzó se lectura:

" Hola Anabel:

Acabo de hablar contigo hace poco por teléfono. Reconozco que estoy echo polvo y que no sé cuánto tardaré en recuperarme.

No te voy a decir que has destrozado mi vida, porque no sería cierto. Entregarse a alguien y equivocarse nunca destroza una vida, la destroza lo contrario, el no ser capaz de entregarse en cuerpo y alma.

Tampoco sé en estos momentos si te enviaré esta carta, y si lo hago, cuando lo haré.

En estos momentos te sigo queriendo. Te quiero por muchas cosas. Te quiero por tu alegría, cuando estas alegre y te ries. Te quiero por tu inocencia a veces, te quiero porque en una ocasión me enamoré de ti, y ya se sabe, esas cosas nunca sabemos por qué ocurren, sólo que ocurren y que puede ser algo maravilloso, o algo muy doloroso.

Yo parece ser que no he tenido suerte y que esta vez me toca lamerme las heridas antes de seguir adelante. Pero no te preocupes por mi, saldré. Aunque me hubiera gustado más ver el futuro contigo.

¿Por qué esta carta? Por mi parte como un desahogo, y hacia ti como un acto generoso que espero, aunque no sea al principio, que alguna vez sepas apreciar. Es una carta de amor, aunque al leerla, algunas cosas te puedan doler.

Creo que el tema de nuestra ruptura comenzó el día que, por una parte tu amiga Beatriz, y por otra tu madre te convencieron de que tu relación conmigo no tenía futuro que, en nuestra relación, quien perdía eras tu. Para tu madre siempre serás una niña débil por la que hay que decidir. ¿Le has preguntado alguna vez en su relación con tu padre quien ganó y quien perdió? ¿Le molesta verte feliz?

Nunca he podido entender que en una relación amorosa, y la nuestra lo ha sido, alguien gane y alguien pierda. Se supone que si ambas personas están a gusto, se comparten cosas, hay apoyos mutuos, etc, son ambas las que ganan.

Sólo sé que durante mucho tiempo cuando estábamos juntos éramos felices los dos, y cuando no lo estábamos, a los dos se nos hundía el mundo, y teníamos iniciativas para arreglarnos y volver a estar juntos y bien. Y creo que eso es lo fundamental en cualquier relación de pareja. Tú me apoyabas a mi y yo te apoyaba a ti.

Es cierto que me las hicistes pasar canutas hasta que comenzamos a salir regularmente, y hasta que por fin nos enrrollamos. Pero te fui conociendo y fui paciente, al fin y al cabo se supone que yo era el más maduro, ¿no? Aunque a veces no lo haya demostrado.

Una cosa que nunca he entendido es como gente que supuestamente te quieren, tanto tu amiga, como tu madre, cuando te han visto feliz después de mucho tiempo depresiva, deprimida, y desilusionada se han dedicado a derrumbar por todos los medios, y a dificultar los cimientos de tu felicidad. No lo entiendo ni lo entenderé nunca, ¿quizás me he perdido algo, somos de mundos distintos? Si tan distintos son, entonces me quedo en el mío, al menos tratamos de ayudarnos unos a otros…

Sólo sé que me costó, pero decidí apostar por tí con todas tus complicaciones, porque sabes perfectamente que eres complicada. Tuve paciencia, intenté comprenderte y sobre todo apoyarte, aunque también sé que a veces me equivoqué y no supe seguirte el ritmo. No obstante siempre he estado ahí, a tu lado.

Que estabas mal, ahí estaba yo animándote. Que querías hablar durante horas porque te agobiabas, también estuve ahí. Que tenías cambios de humor inaguantables, pues me aguantaba y seguía contigo. Que como tu familia no aceptaba nuestra relación había que mantenerla en secreto, clandestina, sin que ningún conocido nos viera juntos nunca, pues haciendo de tripas corazón, y sabiendo que eso nos iba a envenenar a los dos, pues lo acepté.

Ya sé, ya sé que era porque yo quería, que tu no me lo pedías, pero, ¿no te das cuenta que siendo así aún tiene más valor el hacerlo?

Que no te pierda el orgullo...

Hace mucho tiempo que te dije que te veía confusa, dispersa, que no te centrabas. Sigo pensando lo mismo y quizás por eso dejas que otras personas te orienten y, al fin y al cabo, tomen las decisiones por tí. Ten en cuenta que esas personas tienen su vida hecha, y que sea con buena o mala voluntad, nunca son trasladables sus experiencias a tu propia vida. No eres capaz de enfrentarte con tu vida, tomar decisiones por ti misma, basándote en tu corazón y en tus propios pensamientos. Tienes miedo a equivocarte y a que te duela y no te das cuenta que cuando son los demás los que toman las decisiones por tí es cuando más fácil es equivocarse y cuando más duele.

He intentando que entendieras que yo estaba a tu lado, que te podías apoyar en mi, que iba a estar ahí, pero por lo visto no era suficiente. O yo no era lo suficientemente bueno.

Siempre presumes de que valoras mucho la amistad, pero no es cierto. ¿Por qué la mayoría de tus amigos rompen su amistad contigo? ¿Te has parado a pensarlo de verdad con un poco de modestia? ¿Crees que buscan otra cosa y que como no se la das por eso te abandonan? ¿No te parece que ahí falla algo importante? ¿No será que tu concepción de la amistad es algo distinta que la de los demás y no es desinteresada?

Creo que tienes dos vertientes en tu carácter. La una es generosa, sensible, inocente… La otra es tremendamente egoista, y sólo piensas en ti misma, en tu satisfacción y en que los demás se plieguen a ella. Y ambas las he comprobado en distintos ámbitos de nuestra relación. Y cuando los demás no se pliegan a tus normas y te dejan, te sorprendes de por qué lo hacen y te sientes mal, aunque para tí siempre es a causa de los demás, no te planteas que te estás equivocando tú en algo.

A tus novios siempre se lo has puesto difícil. Para al final estar contigo han tenido que ser muy pacientes, aguantar tiempo, seguir tu ritmo y callarse sus pensamientos y variar su forma de ser para ser aceptados, y lo cuentas orgullosa de ello. Hace falta querer mucho a alguien para hacer eso, y sin embargo siempre te han acabado abandonando. Y sigues sin saber por qué.

¿Quizás es que se vuelven locos de un día para otro?. Eso no es cierto.

Yo nunca he renunciado a mi manera de pensar y a mi forma de ser, he hecho muchas renuncias es verdad, he sido paciente, pero sobre la base de ayudarte, de que primero vieras que mi interés por ti era real, y después para que esos defectos que tienes, pudieras corregirlos del mismo modo que tu me ayudabas a corregir los míos.

Se trataba de buscar puntos de encuentro, de acercarnos el uno al otro. Creo que he sido el único que he estado contigo contra viento y marea, y que realmente estaba dispuesto a afrontar todas las dificultades, a no abandonarte, a ayudarte a ser mejor de lo que eres.

Eso es amor.

Y sin embargo soy el único al que tu has dejado, y casi sin explicaciones, sin hablarlo siquiera. Parece como que si alguien es capaz de quererte y desvivirse por ti, ya no es merecedor de tu respeto y cariño.

Beatriz te había asesorado sobre lo que tenías que hacer, y tú de cabeza... Ahí si que te has tirado a la piscina. Realmente espero que a lo largo de tu vida, en los momentos bajos creas que será ella quien estará a tu lado levantándote el ánimo y desviviéndose porque seas feliz.

No, no te hagas la mártir, pensando que todo te da igual. Quieres ser feliz, te gusta vivir, te gusta estar bien como a todo el mundo, y no logras saber cómo hacerlo siendo como es muchas veces muy fácil.

Generosidad, nobleza de corazón, modestia, entrega, sinceridad… esas son palabras claves.

Según me has dicho has cambiado tu "chip apuntando hacia otro lado". Por lo que parece, tu encantadora amiga íntima, por tu bien claro, se ha preocupado primero de convencerte de que tu relación conmigo no tenía futuro, no era buena y que debías romper conmigo, aunque no me conoce de nada y nunca ha hablado conmigo. Y ahora se dedica a presentarte "gente" con la que serás mas feliz.

A estas alturas ya no sé qué es cierto, y qué es falso, me guiaré por lo que tu misma me has contado. Mentir es muy fácil, lo difícil es vivir con la verdad. Pero créeme, a la larga compensa.

Y parece ser que gracias a ella en el plazo de dos semanas ya has conocido a alguien más interesante que yo, cosa que hasta ahora me habías ocultado. El que ella jamás me haya visto o hablado conmigo, que apenas sepa nada de mi, que no conozca qué sentimientos tengo hacia ti, que no nos haya visto juntos nunca, no tiene la menor importancia. Me ha juzgado, condenado y tu sigues su consejo.

Que a su vez Beatriz antes de casarse estuviera superenamorada de alguien con quien había gran diferencia de edad, que luego se casase a los 18 de penalty tras convencerla tú de que no abortase, que con 25 años tenga tres hijos y su vida consista en atenderlos y esperar a que su marido vuelva a casa, que no tenga ni independencia económica ni posibilidad de tenerla, que siempre haya descartado por principio a las personas que tu has elegido, que le importe mas el morbo que tu bienestar como en muchas ocasiones me has dicho… ¿te parece una buena referencia para seguir sus consejos? Siempre te he dicho que no creía que fueras tonta… y lo sigo pensando aunque insistas en demostrar lo contrario.

Tu, para bien o para mal, una vez decidistes su futuro, su vida. Y ahora ella sólo pretende devolverte el favor decidiendo la tuya sin importarle como acabe.

Te recuerdo que cuando comenzamos a salir clandestinamente, y al verte muy agobiada a veces, fui yo quien te insistió en que buscaras a alguien para desahogarte, a quien poder contárselo todo buscando su apoyo. Descartadas tus amigas del pueblo, sólo quedaba ella. Y no querías decírselo porque sabías qué te iba a decir. Que te iba a poner a parir y que me iba a descartar. Aún así te apoyé para que se lo contaras, para que tuvieras un desahogo que no fuera yo. Ya ves, también ahí, sin dejar de ser yo mismo, sabiendo que iba en mi contra, pensé primero en ti. Pero esperaba que fueras un poco mas fuerte de carácter, o al menos que tus sentimientos se impusieran, o al menos que su influencia no fuera superior al cariño que me pudieras tener…

Creo que nunca he sido egoísta contigo. Lo sabes. Siempre me he puesto en un segundo plano, porque veía que tu eras mas débil que yo. Que tu necesitabas más de mi apoyo que yo del tuyo. Y no me ha importado, lo he echo muy a gusto, porque creía que te podía hacer muy feliz y que también podía ser muy feliz contigo.

Eres una persona incapaz de ser independiente, y lo sabes. Necesitas depender de alguien y ese alguien debe tenerte más en consideración que a sí mismo, ¿por qué entonces has sido tan torpe?

El camino que deberás recorrer para ser feliz algún día siempre será el mismo, lo recorras conmigo o con otra persona, y de verdad espero que la encuentres y que también te inspire el valor que yo no te he inspirado…

Mira, a mi no me importa mostrar mis sentimientos, mis virtudes, mis defectos. Soy tal cual, con mis años, sean muchos o pocos, con mi alegría, generosidad y optimismo cuando los tengo, o con mi tristeza cuando estoy triste. Soy humano, y cuando me hieren me duele, y cuando me pinchan, sangro. No me hace de menos que los demás vean como soy, porque en conjunto sé que lo bueno pesa bastante más que lo malo. Yo sí que no tengo nada que ocultar.

Nunca te lo he dicho porque nunca me había parado a pensarlo, pero ahora lo he hecho. Tu nunca salías perdiendo en nuestra relación. Pensando en términos egoístas, en ella quien más tenía que poner y quien menos iba a recibir era yo. En nuestra relación de todas todas tu eres quien menos se arriesgaba y quien menos perdía. Yo soy independiente y tengo mi vida hecha y tú no… ¿Y sabes qué? Que a mi eso no me importaba lo más mínimo.

¿Sabes lo que más me duele de todo esto? Que durante mucho tiempo logramos tener una confianza mutua envidiable. Hubiera puesto mi mano en el fuego por ti todas las veces que hubiera hecho falta. Y que al final lo estropearas con mentiras que no eran necesarias. Sabes que siempre te he dicho que prefiero la verdad aunque me duela, que la ignorancia o el no saber.

Y no te engañes. Si no lo has respetado no ha sido por no hacerme daño, ha sido porque no has sido capaz de ser valiente. Y era de esperar.

Te lo dije y no me creistes. La única forma de que nunca te pillen en una mentira es no mentir. Si durante los últimos meses has mentido a tu familia permanentemente, a tus amigos, a todo el mundo a tu alrededor, ¿por qué no me ibas a mentir también a mi?

Vives en un mundo de mentiras y eso no es bueno, al final siempre se vuelven contra ti. Me has dicho muchas veces que tu siempre dices la verdad, que eres sincera, etc. Y yo te creía a pies juntillas, pero ahora yo sé y tú sabes que yo lo sé que eso no es cierto. Mientes excepcionalmente bien, y eso no se aprende en unas semanas.

Sólo te puedo decir que de un mundo de mentiras no puede salir nada bueno.

Y que no estas contruyendo, estás destruyendo.

Es tu vida, y me duele.

Pienses lo que pienses, y seguro que pensarás mal, te deseo todo lo bueno que la vida te pueda ofrecer. No porque te lo merezcas o te lo hayas ganado, si no porque te quiero.

Para acabar te diré que antes o después te acordarás de mi, me necesitarás, quizás no tendrás a ninguna otra persona en quien puedas confiar plenamente, que sea capaz de al darte una opinión o al hablar contigo, pensar antes en ti que en sus deseos, que sea honesta y que ponga realmente tu interés por encima de todo. Me necesitarás y me rercordarás, y quizás sientas la tentación de recurrir a mi.

Hazlo. Deja a un lado el orgullo, ese que dices que no tienes, y hazlo.

Puedes hacerlo, y aunque haya pasado mucho tiempo te ayudaré. Desgraciadamente no soy rencoroso durante mucho rato.

Pero recuerda. Que sea por algo realmente que te importe, no para pasar el tiempo, para distraerte, para eso recurre a Beatriz. O a la gente con la que estés.

Y si quieres mi amistad posiblemente la tendrás. Pero no lo que hoy me ofrecías, que no deja de ser una muestra más del egoísmo que ahora está predominando en tí, y que realmente me gustaría que fueses capaz de dejar de lado. ¿Cómo puedes sentirte bien sabiendo que alguien que te quiere lo está pasando mal y seguir pensando sólo en ti misma? ¿Qué tipo de amistad es esa?

Yo no te voy a abandonar. Aquí sigo, pero el tipo de relación se decide entre los dos, nunca se puede imponer, porque no funcionaría.

Te regalo un montón de poemas y escritos. Tu sabes cuales son. Son tuyos. Espero que disfrutes releyéndolos, porque fueron pensados para ti y también, al igual que esta carta, espero que te sirvan de algo algún día.

Ojalá que seas muy feliz Anabel, y que alguna vez seas lo suficiente fuerte para decidir tu vida por ti misma, para arriesgarte y que aciertes.

Un beso princesita.

Devil"

Devil se quedó pensativo y triste un instante. Luego, pausadamente levantó su mirada hacia la de Beatriz y con mucha tranquilidad le dijo:

–No creo que seas mala. Creo que eres una persona amargada por la vida que te ha tocado vivir y que intentarás por todos los medios amargársela a quienes tengas cerca.

–Pero… –intentó protestar Beatriz.

–Shhhhhh… –atajó Devil con mucha serenidad poniéndose un dedo en la boca–. Mantente al margen de mi vida. No se te ocurra volver a inmiscuirte en ella porque te juro que te destruiré. Sabes que todo lo que de bueno hay en mí también lo hay de malo. Lo sabes, y sabes que no dudaré en hacerte todo el daño del mundo. Vamos a tener que estar juntos, pero ni se te ocurra intentar jugármela.

Beatriz permaneció callada y cabizbaja. Sabía que Devil nunca hablaba en vano…

Devil por su parte quedó pensativo, ¿a qué venía la carta en ese momento? Era evidente que Anabel había enviado a Betariz, no para ayudarle, sino para vigilarle. ¿Qué papel jugaban Beatriz y la carta en todo aquello?

Cualquier persona observadora que no la conociera, al ver por primera vez a Beatriz, sólo con mirarla sentiría inquietud. De algún modo, dejaba traslucir un enorme rencor interior, una agresividad extraordinaria, sobre la cual tenía un excelente control. Sentía rencor hacia el mundo entero, pero sabía disimularlo y utilizaba a todo el que tenía cerca. Su vida había sido un auténtico fracaso.

Con una educación similar a la de Anabel, desde muy joven se había propuesto llegar a la cima, conseguir un buen status de vida costase lo que costase, sin importarle destruir todo lo que estuviera cerca para lograrlo. Manipuladora, egoista hasta el extremo y frustrada en su vida personal, aún no había perdido la esperanza de salir del ahujero en el que, por oportunismo de adolescencia, ella misma se había metido.

Con poco más de 18 años se había quedado embarazada intencionadamente de su, a la sazón, novio. Un chico joven, de "buena familia" y con cierta fortuna familiar.

A Anabel, lo mismo que a su novio jamás les confesó la verdad, declarando el suceso como accidental, pero teniendo muy claro lo que pretendía. Conociendo a Anabel, por aquel entonces también muy joven y demasiado ingenua para comprender las reglas de aquella forma de jugar, le contó que estaba dispuesta a abortar. Anabel se desvivió día y noche para quitarle aquella idea de la cabeza, hasta que al final la hizo "entrar en razón" para que tuviera a su primera hija. Anabel nunca llegó a sospechar que la estaba manipulando, que sólo buscaba respaldos "inocentes" que descartasen otras opciones, que dieran credibilidad a su empresa de forzar la boda con su, hasta entonces novio. Y se salió conla suya. Hubo boda y nació su hija.

Pero el plan no le salió del todo bien. Tuvo dos embarazos más en los siguientes años, lo que circunscribía su vida a atender la casa y a sus hijas, mientras, se suponía, que su marido salía a trabajar unas veces, o a tomar unas cervezas con los amigos, otras.

Beatriz se vanagloriba de una gran intuición, de poder controlar la vida de las pocas personas con las que se relacionaba aún desde su retiro. Presumía de adivina, de poder ver situaciones en los demás, que a todo el mundo le pasaban desapercibidas, y por descontado que no perdía oportunidad de inmiscuirse en las vidas ajenas sin que le importase lo más mínimo las consecuencias que ello pudiera acarrear.

No se daba cuenta de que, su excesivo interés por las vidas ajenas, tratando de manipularlas a su antojo, le impedían ver que su propio mundo se desmoronaba. Al final, en su propio pecado estaba su penitencia.

Su marido no había tardado en comprender que estaba atrapado. Sospechó la trampa en la que había caido y que al final, estaba determinando su vida, así que inicialmente por venganza, y después por necesidad comenzó a serle infiel a Beatriz. Primero con una antigua amiga, luego con otras mujeres que iba conociendo, y siempre con la mayor discrección, su marido intentaba disfrutar de la vida mientras que Beatriz se dedicaba a destruir la de cualquiera que estuviera cerca. Tardó mucho en averiguarlo, y cuando ocurrió creyó volverse loca. Sus planes de seguridad, de calidad de vida y de futuro asegurado, de repente amenazaron con venirse abajo. Sin estudios, sin medios para ganarse la vida por sí sola y con tres hijas, se sintió aterrorizada. Trató por todos los medios de arreglarse con su marido, cuando fue necesario recurrió al chantaje, y cuando vió que definitivamente su mundo se derrumbaba, estuvo a punto de suicidarse. Y realmente no lo hizo porque le faltaba el valor necesario.

Ella estaba dispuesta a perdonarle los escarceos, pero su marido no estaba dispuesto a perdonar su traición y falsedad y no quiso seguir con ella.

Se quedó sola, sus hijas se las quedó Juan y fue entonces cuando Anabel por compasión, le ofreció el puesto de recepcionista y administrativa en su pequeño negocio, tareas que ella misma le enseñó a desempeñar.

Salieron del hotel en silencio, sin intercambiar palabra. Beatriz, ensimismada en sus pensamientos, ya no sonreía.

Deambularon durante la mañana por las calles empedradas, visitaron La Colegiata, se introdujeron por todos los recovecos que el pueblo escondía tras una parafernalia de tiendas para los turistas. A Devil le gustaba lo auténtico, lo real y tenía intuición para encontrarlo. Y así visitaron pequeños comercios escondidos donde las antiguedades lo eran de verdad y la artesanía era arte escondido bajo capas de polvo.

A la hora prevista regresaron al centro del pueblo y se dirigieron a la puerta del Museo de la Tortura Era éste un museo en el que se podían ver multitud de aparatos e instrumentos utilizados en la época medieval para hacer sufrir hasta la locura a los enemigos, o simplemente a quienes pensaban o actuaban distinto, normalmente hasta que morían de dolor. Sacaron dos entradas y entraron en él.

Devil se paraba en cada aparato expuesto y leía las explicaciones que sobre él se daban en pequeños carteles adosados. Para crear ambiente la iluminación era escasa, casi estaban en penunbra. No podía evitar sentir cierto estremecimiento imaginándose aquellas primitivas máquinas e instrumentos de madera y hierro cumpliendo su función sobre el cuerpo de un ser humano. Después de haber leido su vieja carta a Anabel y ver luego esta exposición, pensaba que está en la condición humana el hacer sufrir, el producir dolor, como si muy en nuestro interior algo que no conocemos ni controlamos, un sadismo transmitido genéticamente de generación en generación, nos produjera placer con el dolor ajeno… Y más placer cuanto más gratuito es el dolor producido y la inocencia de la víctima…

Devil apartó aquellos pensamientos de su mente. Estaban allí para una cita. Alguien debería proporcionarles un sobre y en él, dos invitaciones para la fiesta que, aquella misma noche, Gabriel del Pozo el presunto comprador del diamante extraviado por Anabel, celebraría en su mansión. Era lo único que tenían para empezar puesto que no tenían la certeza de que Tomás hubiera llegado a entrevistarse con Gabriel, pero tampoco de lo contrario. Quizás en aquella fiesta encontrarían algo que les indicase hacia donde dar el siguiente paso.

Cuando Devil buscó en la sala débilmente iluminada a Beatriz, vió que se acercaba hacia él. En la mano traía un sobre. El sobre con las invitaciones.

 


La Colegiata, en el centro del pueblo, imponente y majestuosa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


En algunas tiendas escondidas, se podían encontrar verdaderas joyas olvidadas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Entrada al Museo de la Tortura

Bilbao, Abril de 2.002

 

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