| ENCUENTRO |
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En Abril estuvo visitándonos nuestra buena amiga y poetisa mexicana M. Luna. No pudimos estar mucho tiempo juntos, apenas unas horas para intercambiar rostros, gestos y ademanes. Como ella bien dice, ya nos conocíamos, aunque no nos habíamos visto nunca. Cuando regresó a su país, me regaló este poema que transcribo a continuación. Se me adelantó. Espero que os guste. Dave.
Qué bueno ha sido encontrarte aquella tarde fría ¿o era el temor que me hacía estremecer?
Qué bueno ha sido verte por aquellas antiguas callejuelas, donde la multitud despreocupada deambulaba, y llenaba los bares de humo, de cerveza y vinos Rioja.
La noche fue cayendo sobre los tejados y las risas. Más rostros se asomaban, saludaban, se abrazaban y yo disfrutaba.
Qué extraño me supo tenerte frente a mí escudriñé tus ojos y esperé que salieran las palabras observé tus manos firmes, cálidas, expresivas, de franco afecto y olvidé que eran manos nuevas, por demás conocidas.
Manos de palabras compartidas. Nos sentamos de frente, el café en medio de nosotros, como testigo silencioso, el humo del cigarro persiguiendo a las palomas que picoteaban los silencios, esperé que de tus labios salieran tu ciudad completa y sus historias, los gestos de tu gente, y las costumbres de tu vida.
Cuánta alegría en tus ojos, qué vívida manera de mostrarte, aunque, repito, ya te conocía.
La noche se extendió completa con toda su armonía, en mis ojos la luna vigilaba, tus ojos estrellas despedían. Qué extraños secretos de la tecnología. M Luna. Abril de 2002
Gracias Dave por permitirme robar un poquito de tu vida. UN ABRAZO
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