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LA MISMA PIEDRA |
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El Coronel miraba por la ventana. El cielo estaba tan oscuro que era difícil saber si seguía alumbrando el Sol o por el contrario empezaba ya a ocultarse. Llevaba un buen rato así, se diría que su mirada atravesaba el gris profundo mucho más allá de donde alcanza la vista, como si intentara escudriñar el universo en busca de respuestas. El despacho estaba en un sitio realmente privilegiado. Tenía unos grandes ventanales con una vista maravillosa sobre el Valle. Estaba construido con maderas de primera calidad y en los laterales disponía de unas impresionantes estanterias, donde se vanagloriaba de tener todo lo que se podía saber sobre la historia de la humanidad. -El Valle - murmuró- ¡cuantos recuerdos! Sus primeros recuerdos partían de muy cerca de allí, en donde nació. De pequeño solía escaparse al Valle. No hacía nada en particular, se limitaba a intentar combatir el calor, tumbandose en la hierba fresca mientras miraba hacia el cielo. Durante horas observaba el vuelo de las aves y las distintas formas de las nubes. -¡Pum pum! -sonó la puerta- -Pase -respondió a sabiendas de quien era el que llamaba- -¿Permiso Coronel?- dijo con voz firme el Capitán de las operaciones. -Adelante, le esperaba- Al ver su cara comprendió que no traía buenas noticias. Se fijó bien en el. Jamás lo había visto tan sucio y desaliñado, parecía como si el también hubiera empezado a comprender que nada volvería a ser como antes.
-No traigo muy buenas noticias Coronel- dijo quitándose la gorra y cogiendo aire, preparándose para hablar- -Empiece Capitán, estoy preparado para lo peor- -La situación es verdaderamente critica. Todos los experimentos que tuvieron éxito en nuestros invernaderos, se han convertido en auténticos fracasos al intentar repetirlos en las zonas protegidas. Incluso tenemos dificultades para mantener la energía en los pocos invernaderos que dan sus frutos. La lluvia ácida ha acabado con las grandes superficies cultivables. por cada árbol que replantamos, la deforestación acaba con 100. El Capitán empezó a observar que su Coronel seguía impávido mirando por la ventana. -¿Continuo?- preguntó- -Prosiga con su informe- contestó automáticamente- -En el resto de campos de experimentación, nuestros científicos no han tenido mejor suerte- tras esta frase se hizo un silencio insoportable- -Las bestias sobreviven poco en las granjas con la alimentación artificial. La repoblación de especies tratadas genéticamente en ríos y mares, en la cual teníamos puestas nuestras últimas esperanzas, han supuesto el más absoluto de los fracasos. Estas especies que parecían fuertes en nuestros criaderos, no han podido soportar el recalentamiento del agua y la falta de alimento en muchas de las zonas -suspiró, tomando aire de nuevo- -De los más de mil experimentos y actuaciones en proceso, en diversas partes del planeta; he esperado hasta que llegara el último informe y poder traerle el que nos diera una mínima esperanza de futuro -dijo mucho más sereno-. No ha sido posible, lo siento, todos los informes son negativos. He hablado con algunos de los científicos y están desolados, no tienen la más mínima duda de que la situación es de verdadera emergencia. No se que haremos ahora, Señor... -Ya estamos en ello Capitán -contestó el Coronel intentando trasmitir confianza-. Hace mucho que el Consejo lleva trabajando sobre la hipótesis más pesimista. -¿Que es lo que hemos hecho? ¿Como hemos podido llegar a esta situación? -gemió el Capitán sentándose en una silla y perdiendo por primera vez la compostura, mientras se frotaba violentamente los ojos- -Lo que es cierto es que ya no vale de nada lamentarse-sentenció el Coronel-. He hablado con el Presidente esta mañana y ya se han tomado las únicas medidas que caben en este caso. -¡No me lo puedo creer! -empezó a levantar la voz el Capitán- ¿No será lo que estoy pensando? -Efectivamente -asintió-. Hace ya 74 días que la Federación ordenó la partida de nuestras naves de largo alcance, con el fin de buscarnos un nuevo hogar. Un planeta que tenga condiciones similares al nuestro y al que la raza humana se pueda adaptar con facilidad o donde su atmósfera sea fácilmente modificable para que podamos instalarnos sin problemas. Un sitio virgen, donde sus recursos naturales puedan abastecer las necesidades de todas las gentes de nuestro mundo. Mandamos una en cada dirección y aunque aún no hemos recibido noticias de ninguna, saben que no les queda más remedio que encontrar algo que nos pueda servir. -¿Como hemos podido tropezar dos veces? ¿Como es posible que esta maldita raza no consiga aprender de la experiencia? -dijo enfurecido- -No lo sé, Capitán -contestó-. En este momento en lo único que pienso es en que tendremos que abandonar este planeta, como ya hicieron hace mucho nuestros antepasados con la vieja y querida Tierra.
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